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Sánchez y sus ministros noqueados en Ceuta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Ceuta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en CeutaIVÁN ZAMBRANO - EUROPA PRESS

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Han pasado veinte días y el Gobierno sigue sin ser capaz de explicar con claridad cuántas personas entraron irregularmente en Ceuta ni cuántas permanecen todavía allí. Solo ese dato bastaría para comprender la dimensión del desastre.

Primero no vieron venir la crisis. Después fueron incapaces de controlar una frontera española y europea sometida a una presión extraordinaria. Y ahora, cuando han transcurrido casi tres semanas, tampoco consiguen ofrecer a los ciudadanos una fotografía fiable de lo ocurrido. Este es un Gobierno noqueado.

Ceuta lo ha demostrado como pocas crisis anteriores. Porque cuando un Gobierno pierde el control de los acontecimientos todavía puede reaccionar. Lo verdaderamente preocupante llega cuando tampoco es capaz de controlar la información sobre esos acontecimientos. Entonces aparece el recurso habitual: el relato. Ahora, toda su estrategia es confrontar con el presidente ceutí Vivas.

Cifras que cambian. Explicaciones que se contradicen. Ministros desfilando por Ceuta para transmitir normalidad. Declaraciones destinadas a rebajar la gravedad de unas imágenes que los españoles han visto con sus propios ojos. Pero la emergencia es incontestable.

Ceuta continúa soportando una presión enorme. Los servicios públicos están sobrepasados, la situación de los menores sigue siendo especialmente delicada y una ciudad española continúa pagando las consecuencias de una crisis que el Gobierno ni anticipó ni supo detener. Cada día que pasa sin soluciones agrava la sensación de incompetencia.

Y mientras tanto, Pedro Sánchez sigue en La Mareta. En El presidente que debería encabezar la respuesta permanece refugiado en el palacio lanzaroteño, administrando sus apariciones mientras sus ministros se pasan una crisis que ninguno parece capaz de resolver.

No se trata de discutir el derecho de un presidente a descansar. Se trata de algo bastante más elemental: saber cuándo las circunstancias obligan a dejar de hacerlo.

Veinte días después, España todavía espera saber qué ocurrió realmente en Ceuta, cuántas personas entraron, cuántas permanecen allí, qué falló y quién piensa asumir alguna responsabilidad.

Un Gobierno puede intentar sobrevivir a una crisis con propaganda. Lo que no puede hacer es gobernarla sin conocer siquiera sus dimensiones.

Ceuta no está noqueada. El que sí está noqueado es el Gobierno.

A.M. BEAUMONT

[19/8/26, 8:19:48] 🔜 Miguel Queipo: Gracias, Antonio

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