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Editorial

Sánchez, 20 días de mentiras en Ceuta sin soluciones: el presidente huye de su responsabilidad

Campamentos de inmigrantes en las playas de Ceuta

Campamentos de inmigrantes en las playas de CeutaGTRES

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Han pasado ya 20 días desde que Marruecos abrió de par en par la frontera de Ceuta y dejó entrar a miles de inmigrantes con total impunidad. La invasión, una forma del país vecino de presionar a España, lejos de solucionarse se ha enquistado. El Gobierno de Pedro Sánchez no solo no ha mejorado nada, ha empeorado la situación.

Primero mintió con las cifras. Después, simplemente dejó de darlas. Hoy nadie sabe —porque el Ejecutivo no quiere que se sepa— cuántos inmigrantes irregulares permanecen todavía en la ciudad. La promesa de devolver a adultos y menores a Marruecos se ha evaporado. Las repatriaciones brillan por su ausencia. Mientras tanto, la inseguridad ciudadana se dispara: ya se han denunciado 19 violaciones. Los ceutíes viven con miedo y, para colmo, tienen que escuchar a la ministra Mónica García insinuar que su legítima alarma es xenofobia y racismo.

El silencio de Sánchez ante ese agravio es ensordecedor. El presidente sigue de vacaciones. Dos videoconferencias en alpargatas desde La Mareta es todo lo que ha dedicado a una crisis que él mismo calificó como "un ataque y una violación a la integridad y soberanía territorial de España". Sin embargo, no actúa como tal. Ha optado por no mojarse, por mantenerse al margen. Manda cada día a un ministro distinto a Ceuta para montar el decorado de la acción.

La única solución anunciada pasa por instalar carpas gigantes que huelen a asentamiento permanente. Todo apunta a que el plan no es presionar a Rabat para que se haga cargo de quienes dejó pasar, sino normalizar la ocupación de la ciudad.

Ceuta no puede convertirse en el vertedero de la política exterior de Sánchez. Los ceutíes merecen protección y recuperar la normalidad. El presidente huye de su responsabilidad ante ellos, ante el resto de españoles y ante sus socios de la UE.

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