enfoques del director
Sánchez estalla, preso de los nervios por Ceuta: amenazas y censura feroz a las críticas internas
La rebelión de dos diputados socialistas en Ceuta por la gestión de la crisis migratoria ha provocado la intervención de Ferraz, que reclama disciplina y advierte de posibles consecuencias internas. Las críticas al delegado del Gobierno y las denuncias de presiones agravan una fractura que amenaza con convertirse en un nuevo problema para el PSOE.
Pedro Sánchez está decidido a expulsar a quien haga falta. No hablamos de los inmigrantes ilegales, no, sino a los críticos de su propio partido, a los que amenaza e intenta imponer una mordaza. Ferraz ha hablado claro: la Comisión Ejecutiva Federal, presidida por él mismo, exige a los diputados ceutíes Melchor León y Sebastián Guerrero que "reconduzcan la situación" para "velar por la imagen e intereses" del PSOE. Traducción: callen o serán purgados.
La amenaza es rotunda. "Aquí hay unas normas y se actuará en consecuencia". El partido advierte de expedientes de expulsión a quienes denuncian la inacción del Gobierno ante la avalancha migratoria de finales de julio, cuando decenas de miles desbordaron la frontera. León, vicepresidente de la Asamblea, ha pedido la dimisión del delegado del Gobierno —y líder local del PSOE— Miguel Ángel Pérez Triano, y ha denunciado las presiones: "No voy a mentir a los ceutíes". Ferraz responde que eso "va contra el partido" y perjudica los "intereses electorales".
Sánchez cree, a la desesperada, que acallando las voces internas el problema desaparece. Su única estrategia de supervivencia es la censura total: cero fisuras, disciplina norcoreana. La discrepancia interna es lo que más daño le puede hacer. Podría ser el remate a su extrema debilidad parlamentaria, sobrepasado por Ceuta, impotente ante Marruecos y rodeado de casos de corrupción que erosionan su liderazgo.
Mientras Ceuta sufre abandono y los vecinos claman por protección, Ferraz se preocupa solo de que nadie rompa el relato oficial. Un partido que prioriza el silencio sobre la verdad no defiende a España: se defiende a sí mismo. Y eso, en un momento de máxima fragilidad, es la mejor prueba de que el sanchismo se descompone.