Sánchez fracasa en Ceuta: el problema se enquista ante la incapacidad del Gobierno para resolverlo

La Cruz Roja atendiendo a inmigrantes en la playa de El Trampolín
El traslado de los inmigrantes de la playa de El Trampolín a centros improvisados de acogida ha resultado un doble fracaso que pone de manifiesto la incapacidad del Gobierno de Pedro Sánchez para afrontar la crisis migratoria en Ceuta. Por un lado, este realojo voluntario de más de 1.200 personas —separadas por origen subsahariano y magrebí hacia Loma Margarita y El Embolsamiento— no resuelve nada de fondo: apenas inicia un proceso burocrático de identificación, solicitudes de asilo o expedientes de expulsión que puede alargarse muchos meses e incluso años. Con una capacidad limitada de tramitación diaria y plazos medios que se prolongan de forma considerable, la promesa de repatriar a todos se desvanece. Ceuta se convierte, de facto, en un gran centro de estancia temporal.
Por otro lado, el fiasco es aún más evidente: horas después del desalojo, la playa volvía a llenarse con cerca de 500 inmigrantes, mayoritariamente magrebíes, que reocuparon las chabolas con mantas y enseres. La limpieza se suspendió por seguridad. El Gobierno no pretendía resolver el problema, sino esconderlo, quitarlo de la vista pública. Ni siquiera en eso ha tenido éxito. El asentamiento improvisado que llegó a albergar más de 3.500 personas resurge, demostrando que la magnitud del reto supera con creces las medidas cosméticas.
La situación se enquista y va para largo. El Ejecutivo, atenazado por su ineficiencia administrativa y por una ideología que prioriza los gestos sobre el control efectivo de fronteras, es incapaz de ofrecer soluciones reales. Estas solo pasan por la colaboración de Marruecos, el país que dejó entrar de manera impune a decenas de miles el pasado 30 de julio. Si el vecino no colabora voluntariamente, es obligación del Gobierno desplegar toda la diplomacia, las presiones comerciales y políticas necesarias para obligarle a recibir de vuelta a quienes cruzaron. Mientras Moncloa se limite a trasladar de un lado a otro y a improvisar campamentos, Ceuta seguirá atrapada en una crisis crónica que el propio Sánchez ha demostrado no saber, o no querer, resolver.