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El reloj parado de Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios de comunicación tras su despacho con el Rey Felipe VI.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios de comunicación tras su despacho con el Rey Felipe VI.Javier Fernández / Europa Press

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Hasta un reloj parado acierta dos veces al día. El Gobierno de Pedro Sánchez ni siquiera alcanza ya esa modesta precisión. Ahora, empantanado como está en Ceuta, anuncia un plan de reconstrucción y un mando único. Echémonos a temblar recordando el volcán, el covid, la dana o los incendios.

Han tenido que pasar 26 días desde la invasión de Ceuta para que el presidente convoque el Consejo de Seguridad Nacional. Casi un mes para reunir al máximo órgano encargado de asistirle en la gestión de las grandes crisis. Tres semanas y media para comprender que la mayor vulneración de nuestras fronteras en la historia reciente de España quizá merecía algo más que un par de videoconferencias veraniegas.

La reunión llega cuando Ceuta continúa desbordada. Es un drama. Miles de personas permanecen en campamentos improvisados, entre ellas cerca de 3.000 menores. Los servicios públicos están sometidos a una presión insoportable. Los agentes del orden denuncian abandono. Los vecinos intentan recuperar una normalidad que nunca llega. Hay miedo. La economía está hundida. Y Marruecos sigue sin ofrecer las explicaciones y la colaboración que España debería exigirle.

Pero Sánchez ya tiene su Consejo de Seguridad Nacional. Ahora, cuando la crisis ha explotado, se ha enquistado, ha dejado ver a las claras la chapuza de la gestión gubernamental y amenaza con convertirse en permanente.

Este Gobierno siempre actúa igual. Primero niega la gravedad de los acontecimientos. Después minimiza sus consecuencias. Más tarde culpa a la oposición, a los bulos o a cualquier enemigo disponible. Y, finalmente, cuando la realidad derriba todo su relato, convoca una reunión solemne para dar la impresión de que toma el mando. Eso no es gobernar. Es ir detrás de los problemas.

Un presidente serio habría reunido al Consejo de Seguridad Nacional en las primeras horas. Habría hablado con Marruecos con firmeza, informado al jefe de la oposición, movilizado todos los recursos necesarios y explicado a los españoles qué estaba ocurriendo. Sánchez prefirió marcharse de vacaciones y administrar la catástrofe desde la distancia.

Ahora, habrá fotografías, rostros preocupados y declaraciones grandilocuentes. Nos dirán que el Gobierno trabaja desde el primer minuto y que todas las decisiones han sido adoptadas con rigor. Pero existe un dato imposible de disimular: 26 días.

El reloj de Sánchez no está parado. Sencillamente, siempre llega tarde.

A.M. BEAUMONT

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