editorial
Sánchez humilla en público a Margarita Robles con su disputa contra Marlaska: solo cabe su dimisión
La ministra de DefensaRobles afirmó que los 25 agentes del CNI en Ceuta compartieron y analizaron la información.Horas después, Fernando Grande-Marlaska reiteró desde La Moncloa que “no había ningún informe que atisbara” lo ocurrido el 30 de julio

Pedro Sánchez y Margarita Robles en Bétera tras la DANA.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha consumado una humillación pública sin precedentes contra una de sus ministras. Margarita Robles, que este martes defendió en el Congreso que el CNI hizo su trabajo y avisó a la Delegación del Gobierno y a las fuerzas de seguridad antes de la avalancha de Ceuta, ha sido desmentida de forma oficial y contundente por una institución del propio Ejecutivo del que forma parte.
Robles afirmó que los 25 agentes del CNI en Ceuta compartieron y analizaron la información, y que el 29 de julio trasladaron a la Delegación la convocatoria para entrar a nado el día siguiente. Horas después, Fernando Grande-Marlaska reiteró desde La Moncloa que “no había ningún informe que atisbara” lo ocurrido el 30 de julio. Y por la tarde llegó el golpe definitivo: un comunicado de la Delegación del Gobierno en Ceuta que niega rotundamente haber recibido “en ningún momento informe alguno que advirtiera de lo que iba a suceder”. Solo hubo datos diarios sobre el aumento de entradas marítimas, ninguno de los cuales permitía prever la magnitud del asalto. Además, recuerda que no tiene competencias sobre el CNI, que dispone de canales propios.
Este documento institucional no es un desmentido cualquiera. Es el Gobierno de Sánchez dejando a Robles por mentirosa ante toda España. La ministra, que forma parte del Consejo de Ministros, ha sido desautorizada públicamente por una Delegación que depende del Ejecutivo. No hay interpretación posible: o Robles faltó a la verdad o el aparato de Moncloa ha decidido sacrificarla para proteger a Marlaska.
Si Margarita Robles tiene dignidad política y un mínimo de orgullo, solo cabe una respuesta: la dimisión inmediata. Permanecer en el cargo después de esta humillación pública sería aceptar el papel de comparsa en el caos sanchista. Si miente ella, debe dimitir por incapacidad de prever lo que sucedió pese a contar, según su propia versión, con 25 agentes del CNI sobre el terreno. Si miente Marlaska —y ahora la Delegación del Gobierno—, estamos ante una ineptitud flagrante de Interior que también exige dimisiones. Pero el comunicado oficial ha puesto el foco sobre Robles. Sánchez la ha expuesto. Ella debe decidir si se deja pisotear o recupera la dignidad saliendo por la puerta grande.