Sánchez y el Gobierno de la señorita Pepis

Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en la sede del PSOE.Europa Press

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Basta escuchar a los ministros que pasan por el Congreso para comprender que el Gobierno de Pedro Sánchez vive al margen de la realidad. Mientras Ceuta intenta recuperarse de una crisis sin precedentes, los ministros describen un país imaginario en el que nadie se equivocó, todo funcionó correctamente y Sánchez estuvo siempre al mando.

Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska se enzarzan públicamente a cuenta de los avisos previos a la invasión. Defensa sostiene que Interior conocía lo que podía ocurrir. Interior intenta sacudirse la responsabilidad. Dos ministros del mismo Gobierno discuten sobre quién sabía qué mientras los españoles seguimos sin saber quién falló.

Para Félix Bolaños y Mónica García, lo sucedido era imposible de evitar. La ministra de Sanidad incluso presume de la gestión realizada. No hay, según ella, crisis sanitaria. Decenas de miles de personas entraron irregularmente en una ciudad de 85.000 habitantes, sus servicios están desbordados y sus vecinos viven jornadas de angustia, pero el Gobierno certifica que todo está bajo control. La culpa la tienen los ultras, el PP, Vox, los periodistas mentirosos y los ceutís.

También hemos descubierto que Marruecos continúa siendo un socio fiable y leal. Da igual que miles de personas alcanzaran Ceuta desde territorio marroquí. Da igual que Rabat utilizara una vez más la inmigración como instrumento de presión. La versión oficial exige mirar hacia otro lado y elogiar al vecino. ¿Pegasus?

Y, por supuesto, Sánchez tampoco estuvo de vacaciones. Pasó veintiséis días en La Mareta, desapareció de la escena pública mientras la crisis crecía y regresó para convocar tarde una Junta de Seguridad Nacional. Pero no estaba descansando. Estaba “al teléfono”. Según semejante teoría, ningún presidente se va jamás de vacaciones: basta con llevarse el móvil.

Aquí nadie dimite. Nadie pide perdón. Nadie reconoce un error. La culpa pertenece siempre a otro y cualquier desastre termina presentado como un éxito de gestión.

Ceuta ha sufrido una invasión, los ministros se contradicen, Marruecos vuelve a desafiar a España y Sánchez ha estado ausente. Pero el Gobierno insiste en que todo salió estupendamente.

Nos mean encima y todavía pretenden convencernos de que llueve.

A.M. BEAUMONT