Sánchez arrodillado ante Mohamed VI
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey de Marruecos, Mohamed VI
La crisis de Ceuta se agrava. Lo que mal empezó, en manos de Pedro Sánchez empeora según avanzan los días. La normalidad está lejos. La Moncloa transmite una imagen cada vez más inquietante: la de un Gobierno impotente y un presidente bloqueado por completo.
Primero llegó la falta de previsión. Después, el desconcierto. Más tarde, las contradicciones entre ministros. Y ahora, la súplica a Marruecos para que colabore en el regreso de los inmigrantes que entraron irregularmente en España. La impotencia absoluta.
Rabat no forma parte de la solución. Está en el origen de la crisis. Marruecos abrió la puerta, utilizó a miles de personas para presionar a España y ahora Sánchez espera que Mohamed VI tenga la generosidad de ayudarle a cerrarla. Una política exterior de rodillas.
Mientras tanto, los ceutíes continúan soportando las consecuencias. Servicios públicos desbordados, inseguridad, incertidumbre y una vida normal que no termina de regresar. El Gobierno habla, se hace fotos, crea relatos cada vez más extravagantes, reúne comités y lanza mensajes tranquilizadores, pero la realidad va por otro lado.
España, en manos del sanchismo, se ha demostrado incapaz de proteger eficazmente su frontera y de recuperar el control una vez vulnerada. Tampoco ha conseguido que Marruecos asuma responsabilidad alguna. Al contrario: es La Moncloa la que mendiga ayuda al mismo país que permitió la invasión.
Un Estado serio no suplica a quien le agrede que repare el daño causado. Defiende sus fronteras, moviliza todos sus recursos, exige respaldo a sus aliados y hace pagar un coste político y diplomático a quien amenaza su soberanía.
Pero Sánchez ha perdido hasta la capacidad de reaccionar. Ceuta lleva semanas esperando un presidente. Solo ha encontrado a un Gobierno sometido a Marruecos que suspira por una solución que no sabe ofrecer a los españoles.
A.M. BEAUMONT