editorial
Sánchez se hunde en las encuestas por su pésima gestión de Ceuta: el peor dato de la legislatura
Esa parálisis tiene traducción política. PP y Vox sumarían 204 escaños: mayoría absoluta sin peajes. Feijóo, con 143 diputados y el 33,1%, ha capitalizado el descontento. Vox toca máximos con 61 escaños y el 17,9%
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante sus vacaciones, hizo un paréntesis en sus vacaciones para liderar la reunión de coordinación sobre la situación de Ceuta.
El veredicto los españoles sobre la gestión que Sánchez ha hecho en Ceuta es claro: culpable. Así lo refleja el sondeo de Sigma Dos publicado por El Mundo. El PSOE cae a 101 diputados y al 25,4% de los votos, por primera vez por debajo del 26% y con el peor dato de toda la legislatura. El PSOE ya tiene más cerca a Vox por abajo que al PP por arriba.
El 30 de julio, decenas de miles de personas irrumpieron en Ceuta. Un mes después, alrededor de 10.000 extranjeros en situación irregular siguen en la ciudad. Sánchez calificó los hechos de “ataque a la integridad territorial”, apareció un día y se marchó de vacaciones tres semanas. El 82,2% de los españoles cree que el Gobierno no ha hecho lo suficiente. El 90,4% señala a Marruecos. El 62,9% tacha de mala o muy mala la labor del Ejecutivo, incluida una cuarta parte de sus propios votantes. La nota del presidente es un 3 sobre 10.
Esa parálisis tiene traducción política. PP y Vox sumarían 204 escaños: mayoría absoluta sin peajes. Feijóo, con 143 diputados y el 33,1%, ha capitalizado el descontento. Vox toca máximos con 61 escaños y el 17,9%. La coalición de Gobierno se queda en 111 diputados y ha perdido 2,2 millones de votos en tres años. El 41,7% de los electores socialistas pide ya la dimisión o el adelanto electoral. Sumar se deshace: 10 escaños y una fidelidad residual.
No es un accidente coyuntural. Es el resultado de una estrategia que niega el chantaje de Rabat, aplaude una cooperación de Marruecos que los españoles no ven y deja a Ceuta como problema de agenda, no de Estado. Un Gobierno en minoría, sin Presupuestos y lastrado por la corrupción no puede permitirse tratar una crisis fronteriza como un mal trago de agosto. España no pide relatos. Pide frontera, expulsiones y un presidente que no desaparezca cuando el territorio está en cuestión. Las urnas, si se convocaran hoy, ya han contestado.