editorial
El Sánchez más autoritario da su versión sobre Ceuta desconectado de la realidad
Invocó incluso su derecho a vacaciones como algo casi sagrado. He trabajado y he descansado. También ese es mi derecho. Los problemas de Estado pueden esperar, aunque sean una agresión a la integridad territorial
Pedro Sánchez en una entrevista en la SER con Aimar Bretos
Pedro Sánchez reapareció este lunes en la Cadena SER, un mes después de que decenas de miles de personas cruzaran la frontera de Ceuta, para ofrecer su versión más cínica de la crisis. Huyó de cualquier autocrítica, evitó culpar a Marruecos y lo elogió en todo momento. No hay ninguna información de las Fuerzas de Seguridad, el CNI u otros servicios que alumbre alguna duda sobre las autoridades marroquíes, afirmó. La cooperación, dijo, es francamente positiva e instantánea. Sin Rabat, la crisis se agravaría.
La guinda la puso al hablar de alternancia. Admitió que siempre es buena, pero hoy no tenemos una propuesta de alternancia, sino una involución. El PP, escorado por Vox y entregado a la oposición destructiva, el bulo y la desinformación, no sería digno de asumir el Gobierno. Ahí salió su cara más autoritaria: la del gobernante que está a un paso de sostener que no se dan las circunstancias para celebrar elecciones porque sus contrincantes son ilegítimos. Él debe seguir para garantizar la libertad y el progreso. Está a un paso de llevar a España al abismo y a medio de empujar a Ceuta por el precipicio.
No se para en barras. Usó al Rey para esconder su ineptitud y desviar la atención. Hay argumentos y razones suficientes para que Felipe VI visite Ceuta y Melilla después de 20 años, pero cuando se den las condiciones. Comparó sus ocho años de presidencia con un reinado que cifró, erróneamente, en más de 20. Cualquier cosa le vale, por disparatada que sea, si eso le da opciones de seguir un poco más.
Invocó incluso su derecho a vacaciones como algo casi sagrado. He trabajado y he descansado. También ese es mi derecho. Los problemas de Estado pueden esperar, aunque sean una agresión a la integridad territorial y a la soberanía. Ni eso mereció que interrumpiera sus vacaciones más allá de los 105 minutos que estuvo en Ceuta y un par de videoconferencias que, entre ambas, apenas le ocuparon una hora.
Como buen populista con espíritu dictatorial, jamás reconoce un error. Tardó un mes en reaccionar. Cero autocrítica. La culpa es de Israel, de las redes, de la ultraderecha internacional y del ático de Ayuso. Todos menos él. Un disparate detrás de otro de un iluminado que solo se atreve a jugar los partidos en casa y con el árbitro a favor. En la SER nadie le puso en apuros.