La invasión de Ceuta obedece a los intereses geoestratégicos de Mohamed VI

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey de Marruecos, Mohamed VIBorja Puig de la Bellacasa

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El pasado 31 de julio alrededor de 80.000 magrebíes y subsaharianos cruzaron desde Marruecos a España por tierra y mar ante la pasividad de las autoridades marroquíes y la falta de capacidad operativa de las fuerzas de seguridad españolas encargadas de proteger las frontera. En consecuencia, Ceuta se vio invadida por una auténtica marabunta humana que, en tan solo unas pocas horas, protagonizó numerosos incidentes, entre los que cabe destacar actos vandálicos, destrozos del mobiliario urbano y robos en pequeñas tiendas y supermercados. Obviamente, todo ello provocó no solo la indignación y el temor, sino también la confusión de los ceutíes, los cuales no acertaban a comprender la pasividad del Gobierno de España ante semejante ataque a la soberanía nacional. Y ciertamente no les faltaba razón a los habitantes de Ceuta para mostrarse sorprendidos, ya que en los días previos a la invasión, tal y como ha señalado en repetidas ocasiones la ministra de Defensa, Margarita Róbles, el CNI había informado al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de que se estaba cocinando desde las redes sociales la llegada a Ceuta de miles de inmigrantes procedentes de Marruecos. Sin embargo, en una nueva demostración de indecencia, este pusilánime progre que tenemos por ministro del Interior no solo no movilizó al Ejército para impedir la invasión, como era su obligación, sino que negó la mayor, manifestando que el CNI en ningún momento había informado al Gobierno de que tal cosa pudiera suceder. Los hechos han acabado por dejar por mentiroso a Grande-Marlaska y, a su vez, han evidenciado el caos que reina dentro de un Ejecutivo que agoniza, mientras Pedro Sánchez prosigue con su nauseabundo objetivo de destruir la democracia, el Estado de Derecho y la integridad de la nación española.

No pasaron ni 48 horas cuando buena parte de aquellos que habían entrado ilegalmente en España se volvieron voluntariamente a Marruecos, si bien miles de personas decidieron quedarse en Ceuta y acampar en la playa de El Trampolín, para convertirla en pocas horas en una escombrera sucia, maloliente y ruidosa. De esta forma, los disturbios continuaron en Ceuta, sumándose a los robos y actos vandálicos hasta 17 agresiones sexuales y apedreamientos a miembros de la policía y el ejército. Ante este desalentador panorama los ceutíes pasaron de la indignación y el temor a un estado de ira absolutamente comprensible -excepto para la izquierda caviar que, con la hipocresía por bandera, nos intenta adoctrinar en progresismo desde los medios de opinión sincronizada a cambio de cuantiosas sumas de dinero público- de tal forma que, con la sana intención de proteger a su familia y a sus negocios, una muchedumbre de ceutíes se puso en marcha, arrasando a su paso el poblado playero montado por los invasores.

Ante este cúmulo de hechos de naturaleza tan inusual como detestable cabe preguntarse cuál ha sido el modus operandi llevado a cabo por las autoridades de Marruecos y España en relación con el conflicto.

No obstante, antes de responder a dicha cuestión resulta necesario conocer la importancia geoestratégica de Ceuta y Melilla, ya que ello nos permitirá entender las claves del conflicto que enfrenta a Marruecos y España desde hace décadas. La principal clave reside en que ambas ciudades autónomas permiten a España mantener una presencia territorial en el norte de África, justo donde convergen el Mediterráneo, el Atlántico y el Magreb. Debido a esta magnífica localización España puede controlar el comercio marítimo a través del Estrecho de Gibraltar entre Europa y Asia/África. Además, su ubicación permite a España tener presencia militar en el norte de África, posibilitándose así el control del acceso terrestre y marítimo al continente europeo. Por lo tanto, cabe concluir que Ceuta y Melilla son dos lugares de suma importancia geoestratégica tanto para España como para Marruecos, lo cual viene a explicar su enconada disputa en torno a tan privilegiados enclaves.

Entrando ya en materia de actuaciones gubernamentales cabe decir que la monarquía alauita nunca ha reconocido la soberanía española sobre Ceuta y Melilla a pesar de que ambas ciudades forman parte de España desde el siglo XVI, mientras que Marruecos se constituyó formalmente como Estado en 1956. Sin embargo, pese a las evidencias históricas, Marruecos sigue reclamando periódicamente su derecho a incorporar ambas ciudades autónomas a su territorio. Además de reclamaciones formales, el Gobierno marroquí también utiliza periódicamente las crisis migratorias para presionar a España e ir construyendo un relato que, aunque injustificado, va calando poco a poco en el imaginario colectivo tanto de la sociedad marroquí como de la española. Por ello, y teniendo además en cuenta que los distintos monarcas alauitas han impuesto a su pueblo una férrea dictadura, resulta absolutamente inconcebible que el Gobierno marroquí no supiera previamente nada acerca de la invasión del territorio español a través de sus fronteras. De hecho, muy por el contrario, cabe pensar que la monarquía alauita alentó, como ya ha sucedido en otras ocasiones, esta forma de guerra híbrida para conocer de primera mano la respuesta del Gobierno español a la oleada invasiva y así estar en disposición de preparar convenientemente el terreno para una futura anexión de Ceuta, Melilla e incluso de las Islas Canarias.

Por su parte el Gobierno español ha hecho de la sumisión a los intereses marroquíes uno de los pilares básicos de su política exterior. En consecuencia, a pesar de conocer con antelación gracias a los informes del CNI que se iba a producir una invasión de Ceuta, el Ejecutivo español no solo no intentó abortar la crisis migratoria, sino que ha llegado al punto de ensalzar la colaboración del Gobierno marroquí de forma absolutamente injustificada tal y como evidencian los hechos acaecidos. En línea con esta vergonzosa actuación el Gobierno español montó una suerte de “Pasarela Cibeles” por donde iban desfilando los ministros para limitarse a declarar como papagayos que la situación estaba totalmente controlada. Sin embargo la cosa no acabó ahí, sino que empeoró cuando el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, llegó al extremo de manifestar que la invasión de Ceuta se había debido a “la guerra cognitiva en las redes sociales de Elon Musk, Rusia y la internacional ultraderechista”, lo cual no solo roza el ridículo más espantoso, sino que también retrata el impresionante falseamiento de la realidad al que se ha visto obligado a recurrir el Gobierno sanchista para justificar su manifiesta incompetencia. Restando todo viso de veracidad al relato gubernamental cabe decir que Ceuta es actualmente un polvorín a punto de estallar ante la parálisis de un Gobierno desbordado por los acontecimientos, como demuestran los violentos enfrentamientos que continuamente se están produciendo entre los inmigrantes que deambulan libremente por la ciudad y las fuerzas policiales y las patrullas vecinales que los ceutíes han montado para defender su derecho a vivir en paz sin la amenaza invasora.

Capítulo aparte merece Pedro Sánchez, ya que su absoluta inhibición a lo largo de la crisis migratoria ha confirmado lo que ya se barruntaba, esto es, que es un psicópata digno de estudio, dado que su perversa forma de proceder ha puesto de manifiesto que su grado de egocentrismo, frialdad emocional y falta de empatía con el dolor ajeno es tan inconmensurable como los son las gotas de agua en el mar. Así, mientras la población ceutí sufría las consecuencias de la invasión nuestro deplorable presidente tenía a bien irse de vacaciones a Lanzarote “gratis total”, acompañado de familiares y amigos. Sin embargo, más allá de mostrarnos su profundo trastorno de la personalidad, la pasividad gubernamental y las continuas alabanzas al régimen marroquí a pesar de haber propiciado la invasión de Ceuta nos invitan a preguntarnos ¿Qué oscuros secretos de P. Sánchez conoce Mohamed VI como consecuencia del hackeo de su móvil por parte de los servicios secretos marroquíes? Obviamente, la respuesta solo puede ser una: dichos secretos son inconfesables por vergonzosos o delictivos, de tal forma que P. Sánchez, en un miserable intento de salvaguardar su figura, ha decidido anteponer los intereses de la monarquía alauita a los propios de la nación española.

Decía Albert Enstein que “El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”. Pues bien, por una vez y sin que sirva de precedente, lamento discrepar de la primera afirmación del genio alemán, ya que entiendo que todas aquellas malas personas que gozan de mucho poder, como es el caso de P. Sánchez, son capaces de infligir gravísimos daños a una sociedad que se ve obligada por la fuerza y condicionada por el adoctrinamiento a padecer los permanentes desvaríos de tan siniestros personajes. Más de acuerdo estoy con la segunda de las aseveraciones, razón por la cual cabe decir que le corresponde a la sociedad española la tarea de eliminar la lacra que supone tener a un psicópata en la cúspide del poder.