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Ceuta: la guerra fría de Sánchez contra el sentimiento español

Pedro Sánchez, en una imagen de archivo

Pedro Sánchez, en una imagen de archivoGTRES

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“Queridos españoles, queridos compatriotas”. Juan Jesús Vivas empieza así su carta. Se dirige a todos. A quienes votan a la derecha, a quienes votan a la izquierda y a quienes han dejado de esperar algo de los políticos. El presidente ceutí necesita que España escuche. Y convendría leer despacio lo que cuenta.

Habla de una ciudad desbordada, al límite del colapso. De angustia, incertidumbre y amenaza. Cuesta celebrar el Día de Ceuta cuando quien la preside describe una situación semejante en la que 80.000 españoles han sido atropellados por un golpe enorme a nuestra integridad y soberanía. Este 2 de septiembre tiene poco de efeméride rutinaria y mucho de petición de auxilio.

Pero Vivas no escribe desde la rendición. “Nunca abandonaremos”, advierte. Digno. También agradece a los españoles que han acompañado a los ceutíes durante estas semanas. En medio de una situación que califica como el mes más duro de su ciudad, todavía encuentra espacio para dar las gracias.

La carta contiene una idea que debería presidir cualquier respuesta política: la causa de Ceuta es la causa de toda España. La integridad territorial no admite compartimentos. Tampoco puede depender de la distancia a la que nos quede el problema. Lo que les sucede a aquellos compatriotas nos afecta, aunque desde nuestras ventanas no alcancemos a verlo.

Ese recordatorio interpela especialmente a Pedro Sánchez. La solidaridad de los españoles puede aliviar la soledad, pero no sustituye las obligaciones del Gobierno. A los ciudadanos se les puede pedir que acompañen. Al presidente hay que exigirle que responda. Con decisiones, medios y resultados que los ceutíes puedan reconocer en su vida diaria.

Vivas llama a secundar las concentraciones convocadas para este 2 de septiembre a las ocho de la tarde. Pide unidad sin colores políticos. Sería miserable convertir ese llamamiento, como por ejemplo lo ha intentado hacer el siniestro delegado del Gobierno en Madrid, en una disputa partidista más. Hoy la única bandera que debe ondear es la que nos une a todos. Hay momentos en los que un país tiene que saber estar a la altura de quienes lo necesitan.

“Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”, escribe Vivas. Los ciudadanos pueden hacerlo llenando las plazas. El Gobierno tiene que hacerlo gobernando. Por desgracia, el sanchismo ha entendido, en su loca carrera cada día más involucionista, que su misión es seguir en una guerra fría contra los sentimientos de los españoles.

A.M. BEAUMONT

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