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Sánchez comparece para mentir: la indignación llena las calles de España

Ceuta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Siete años de corrupción, mentiras, pactos ignominiosos, estrategia de polarización y gobernanza de espaldas a medio país

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezCADENA SER

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Las calles de España se han llenado de indignación. Ayer, coincidiendo con el Día de Ceuta, cientos de concentraciones recorrieron el país en apoyo a la ciudad autónoma. La de Madrid, en la plaza de Cibeles, fue especialmente numerosa: decenas de miles de personas -50.000 según Delegación del Gobierno, 150.000 según el Ayuntamiento- corearon “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” y “Pedro Sánchez, dimisión”. Feijóo, Abascal, Ayuso y Almeida estuvieron allí. Lo mismo ocurrió en más de 260 municipios, desde Barcelona hasta Sevilla, Zaragoza o Valencia. No fue un acto partidista. Fue el reflejo de la indignación de millones de españoles con este Gobierno.

Ceuta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Siete años de corrupción, mentiras, pactos ignominiosos, estrategia de polarización y gobernanza de espaldas a medio país han agotado la paciencia. La traición a España se ha consumado en Ceuta. Los informes policiales conocidos en las últimas horas, remitidos a la jueza María Tardón de la Audiencia Nacional, ponen en evidencia que el Gobierno conocía lo que iba a ocurrir, estaba avisado y que Marruecos participó en la invasión con planificación, estrategia premeditada y ejecución perfectamente medida en la que colaboraron gendarmes marroquíes, uniformados y de paisano. Ni el país vecino es un socio leal y fiable, como mantiene el Ejecutivo, ni la entrada masiva de más de 70.000 personas cogió por sorpresa a todos, como ha defendido en todo momento. Mentira tras mentira. Una traición a España en toda regla.

En esas condiciones llega Pedro Sánchez al Congreso este jueves para dar explicaciones. Veremos qué dice, pero es muy probable que, fiel a su estilo, se dedique a deslegitimar a los policías y a la jueza Tardón para intentar salvar su pellejo. No le queda crédito político alguno. La única salida razonable a todo esto es su dimisión. Pero eso no va a ocurrir. España ya lo sabe. Y las calles lo han gritado.

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