enfoques del director
La pesadilla de Sánchez ya está aquí: Aldama reaparece, da la puntilla a Zapatero y deja un aviso
Aldama ha reaparecido este lunes para dar la puntilla a Zapatero, a quien el expresidente de Plus Ultra, que ha comparecido ante el juez, ha dejado a los pies de los caballos al reconocer que el 1% de los 53 millones de euros del rescate público de la aerolínea fue a parar al bolsillo del expresidente: 530.000 euros cobrados presuntamente mediante el pago de informes fantasma que Zapatero facturaba a Julito Martínez. Es decir, tras las amplias vacaciones de Sánchez, el barro de la corrupción le llega otra vez a las primeras de cambio hasta las cejas. Y se ahoga en él.
Julio Martínez Sola, expresidente de Plus Ultra, no ha improvisado. Ha ratificado ante el juez José Luis Calama lo que ya dejó por escrito en julio: que aceptó una comisión «a éxito», la misma que en los chats llamaban «mordida», y que el dinero se canalizó a través de sociedades de Julio Martínez Martínez —Análisis Relevante, Voli Analítica, IOT Domotic— con facturas de informes que no existían o no servían para nada. El propio Julito ya había dicho que aquellos pagos eran para Zapatero. Hoy el expresidente de la compañía lo ha puesto negro sobre blanco. Mañana le toca al exconsejero delegado, Roberto Roselli.
No es casualidad que esto ocurra el mismo día en que Víctor de Aldama vuelve a señalar a Zapatero en redes, le acusa de mentir y recuerda que quien presionó a Ábalos no fue un secundario, sino «el N1 y este señor ZP». La vía Aldama ya no es una teoría: es el método. Quienes estaban dentro de la operación han empezado a hablar para salvarse. Y cada declaración acerca el barro a Moncloa.
Zapatero negó ante el juez haber influido en el rescate. Dijo que sus honorarios eran consultoría limpia. Los papeles, las facturas y ahora las declaraciones de los que pagaron dicen otra cosa. Sánchez puede seguir hablando de desokupas o de Ceuta para tapar el ruido. El problema es que el curso judicial no espera a su relato. El expresidente que él ha blindado durante meses aparece otra vez como el hombre que cobraba por abrir puertas con dinero público. Y Aldama, el colaborador que el Supremo premia por hablar, no tiene ningún interés en callar. La pesadilla no es un titular. Es el calendario. Y acaba de empezar septiembre.