editorial

Sánchez baraja un posible adelanto electoral: piensa en jugárselo todo a una carta

El presidente ha desempolvado la estrategia de 2023, la del miedo a la extrema derecha. La victoria de AfD en Sajonia-Anhalt le permite presentar al Ejecutivo de coalición como “vanguardia del avance frente a los reaccionarios”

(Foto de ARCHIVO) Sánchez aún tiene que cumplir promesas con sus socios independentistas Eduardo Parra / Europa Press 03/9/2026Europa Press

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Pedro Sánchez ha puesto en guardia al PSOE. Su llamada a que los diputados se “vacíen”, se dejen “la piel” y echen “el resto” en este periodo de sesiones no es un simple ejercicio de movilización. Un sector del partido lo interpreta como la señal de un adelanto al primer trimestre de 2027. El presidente baraja jugárselo todo a una carta. Y esa carta no son los Presupuestos. Es el miedo.

Los PGE que promete presentar antes de fin de año -con “la mayor partida social de la historia” y la vivienda como prioridad- servirían de excusa y como escaparate electoral. Sánchez sabe que difícilmente reunirá los apoyos. Si el Congreso los tumba a finales de 2026, el decreto de convocatoria podría llegar en diciembre o enero y las urnas, 54 días después. Las cuentas no son un proyecto de gobierno: son el pretexto parlamentario para elegir el momento y algo así como un programa electoral repleto de promesas irrealizables, pero fácilmente vendibles.

La verdadera apuesta es otra. Sánchez ha desempolvado la estrategia de 2023, la del miedo a la extrema derecha. La victoria de AfD en Sajonia-Anhalt le permite presentar al Ejecutivo de coalición como “vanguardia del avance frente a los reaccionarios” y convertir el auge de Vox -y los pactos autonómicos del PP con esa formación- en el único relato. El telón internacional, con Le Pen en el horizonte francés y las midterm estadounidenses, refuerza el argumento: o nosotros o el abismo. Las investigaciones que cercan a Moncloa y Ferraz quedan, otra vez, fuera de plano. Ese es su deseo, claro, otra cosa es que lo consiga.

Hay socialistas que preferirían apurar hasta julio de 2027, convencidos de que el temor a la extrema derecha moviliza mejor con más tiempo. Sánchez parece dispuesto a acortar plazos “por convencimiento”. Es decir, a disparar cuando el relato del miedo le resulte más rentable.

Convertir el miedo en única carta y los presupuestos en simple coartada no es un acto de responsabilidad. Es apostar el país a una polarización ya conocida. Y las cartas que se juegan todas a la vez suelen terminar por descubrirse.