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Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu

Portavoz de Defensa del Senado y Ex general

Jugando con la inteligencia

La ministra de Defensa, Margarita Robles

La ministra de Defensa, Margarita RoblesEuropa Press

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Han transcurrido más de 45 días desde la invasión de Ceuta por más de 80.000 personas en los pasados 30 y 31 de julio y las cosas, no sólo no mejoran, sino que van a peor. La situación se agrava y el Gobierno parece empeñado en querer hacer creer a los españoles que la cosa no está tan mal como algunos pretenden transmitir. 

De hecho, el Ministro del Interior, el señor Marlaska, se ha permitido afirmar esta semana que la percepción de inseguridad existente en Ceuta es una percepción fundamentalmente subjetiva. Claro, como todas las percepciones, las perciben los sujetos y por ello son subjetivas, pero, en este caso, sobre la base de circunstancias absolutamente evidentes, que nadie puede negar.

Por su parte, el Presidente del Gobierno ha tenido la inmensa falta de humanidad de decirles a los ceutíes, que se tienen que acostumbrar a esta “realidad estructural” en la que miles de ciudadanos extranjeros deambulan por las calles de su ciudad en condiciones de precariedad máxima y constituyendo un reto para la seguridad física y sanitaria de todos. ¿Cuál es la razón por la que los ciudadanos de Ceuta deberían tener que resignarse a vivir en esa situación de decadencia y de restricción de sus libertades más básicas?

A todos los males, que, con toda razón, ellos perciben, se le une ahora el intento del Gobierno para que se hable de otra cosa, poniendo en el candelero de la opinión pública la presunta ineficacia de los mecanismos de alerta de los que disponen nuestros servicios de información e inteligencia para prevenir circunstancias catastróficas como las registradas en la ciudad de Ceuta en las dos fechas que pasarán a la historia de España como las de la ignominia a la que se sometió la integridad territorial de nuestra nación ante la clamorosa inacción de su Gobierno.

El pasado 3 de septiembre, durante la comparecencia del Presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, más de treinta días después del comienzo de la crisis y después de un mes completo disfrutando de unas vacaciones “a las que tenía derecho”, mientras los ceutíes se quedaron sin ellas en el interior de su propia ciudad, la imagen de incomodidad de la Ministra de Defensa, antes, durante y después de la intervención del Jefe del Gobierno, fue objeto de la atención de los medios de comunicación y de la ciudadanía en general por mostrar un desapego evidente a lo que estaba oyendo.

Ya durante las sucesivas comparecencias de los Ministros de Interior, Defensa, Exteriores y Presidencia en las diversas Comisiones del Congreso de los Diputados, la Ministra de Defensa había manifestado que los Servicios de Información e Inteligencia en los diferentes niveles de la Administración (CNI, FAS, GC y CNP) habían cumplido ejemplarmente con “la obligación legal que les era y les es exigible”. Sin manifestarlo expresamente, transmitió la convicción de que el Gobierno estaba informado de la posible entrada masiva de migrantes a través de la frontera entre España y Marruecos en Ceuta “a nado y saltando la valla” y que se produciría probablemente el 30 de julio con ocasión de la Fiesta del Trono en Marruecos.

El resto de los Ministros y el propio Presidente lo negaban, “al menos en la dimensión en la que, finalmente, se produjo”. El desapego de la Ministra de Defensa con la interpretación colectiva del Gobierno resultaba evidente. Se responsabilizaba a los diferentes servicios de información de no haber transmitido la alerta, al menos no con la precisión necesaria que justificase una actuación contundente del Gobierno. El desagrado de la Ministra durante aquella comparecencia del Presidente del Gobierno pareció incrementarse cuando éste manifestó públicamente que no tenía inconveniente en hacer públicos todos los informes proporcionados por los Servicios de Información, al menos “aquellos que no supusieran un riesgo para la seguridad nacional”.

Unos días más tarde, en el curso de una entrevista concedida a un programa de Televisión, el Presidente manifestó que el Consejo de Ministros se iba a pronunciar favorablemente a la divulgación de esos informes con las limitaciones coherentes con la Seguridad Nacional, tal como había anunciado en su comparecencia en el Congreso.

Al día siguiente, se produjo la divulgación de 40 documentos de los Servicios de Información e Inteligencia, en algunos de los cuales se ponía de manifiesto que el Gobierno había sido efectivamente alertado.

Comenzó entonces, la defensa de un nuevo relato por parte del Gobierno. La información no se había transmitido a los destinatarios adecuados, ni utilizando los procedimientos pertinentes. El Delegado del Gobierno en Ceuta llegó a manifestar que él sí había sido alertado, pero por WhatsApp, lo cual no le pareció suficiente porque, en su opinión, una información de esta importancia debería transmitirse por conductos oficialmente normalizados y en “sobre lacrado”. Lo relevante, para él, no era el contenido de la información, que realmente lo era, sino el procedimiento utilizado para transmitirla.

Por su parte la Ministra de Defensa modificó significativamente su actitud con respecto a la contundencia que había sostenido anteriormente y se sumó a la nueva corriente del Gobierno de que quizás, por parte de los servicios de Información se hubiera hecho algo no lo suficientemente bien y que “siempre hay cosas que se pueden mejorar”, muy diferente al “ejemplar cumplimiento de las obligaciones legales que les eran y les son exigibles”.

En el desarrollo de toda esta catastrófica gestión de un asunto de gran relevancia para la Seguridad Nacional, sin duda el más grave de los últimos cincuenta años, se ha puesto en tela de juicio la reputación de nuestros Servicios de Información e Inteligencia, que cuentan con un alto prestigio internacional y que, además, por nuestra seguridad, precisan contar con la confianza de sus interlocutores en ese ámbito. Confianza y prestigio que han acumulado a base de largos años de eficaz desempeño y que la incompetencia de nuestro Gobierno puede poner ahora en entredicho.

Parece que el Gobierno pretende eludir sus importantes responsabilidades en este asunto, simplemente, “jugando con la Inteligencia”.

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