Ayuso y Almeida dejan a la izquierda llorando en boxes

Isabel Diaz Ayuso y Jose Luis Martinez-Almeida en la presentación de MadringGTRES

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Madrid, otra vez en el centro del mundo. Millones de personas están este fin de semana en el Gran Premio de Fórmula 1. La capital de España está acostumbrada a competir con las grandes ciudades europeas. Y, con demasiada frecuencia, a ganarles.

Ojo, no hablamos solamente de coches dando vueltas a un circuito. También es turismo, empleo, hostelería, comercio, proyección internacional y marca España. Las estimaciones señalan 467 millones de euros de impacto económico anual, 8.850 empleos y 83 millones en impuestos y cotizaciones. El acuerdo será hasta 2035 y dejaría más de 4.500 millones en Madrid. No estamos ante peccata minuta.

Naturalmente, citas de estas dimensiones ocasionan molestias. Cortes de tráfico, ruido, restricciones y problemas para algunos vecinos. Las administraciones tienen la obligación de reducirlos y responder ante quienes los padecen. Defender la Fórmula 1 no exige ignorar sus inconvenientes. Exige ponerlos en contexto. Si bien, hay que resaltarlo con orgullo, la organización roza el diez.

Pero, una cosa es exigir una buena organización y otra despreciar los atractivos de este tipo de acontecimientos. Y ahí aparece la izquierda madrileña con su habitual tristeza.

Mónica García, Óscar López, Reyes Maroto y compañía vuelven a pintar cualquier gran proyecto como si se tratase de una conspiración contra los barrios. Hablan del “dinero de todos para unos pocos”, contraponen su supuesto “modelo de barrio” al “escaparate” y denuncian con racanearía intelectual todo aquello que genera riqueza, atrae inversión y sitúa a Madrid en el mapa mundial.

Es una izquierda que confunde lo popular con lo pequeño. Paleta. Cree que defender a los madrileños consiste en cerrar las ventanas al mundo. Que progresar es repartir lo que existe, pero nunca crear más. Que cualquier éxito ajeno debe ser recibido con sospecha.

Por eso Madrid les da la espalda elección tras elección desde hace tantos años. No porque los madrileños no quieran buenos servicios públicos, que los tienen, sino porque también desean vivir en una región pujante, abierta y ambiciosa.

Mientras Madrid acelera, la izquierda sigue en boxes tratando de arrancar su motor parado. Y llorando de envidia por el ruido de los motores de Ayuso y Almeida.

A.M. BEAUMONT