la mirilla
La IA no debe quitarnos el volante

Recreación de la IA y su funcionamiento
La inteligencia artificial puede destruir a la humanidad. ¿Catastrofismo? ¿Realidad? La advertencia no llega solamente de guionistas conspiranoicos o profetas del Juicio Final. La lanzan algunos de los que mejor conocen esta tecnología. Incluso de quienes luchan por desarrollarla más deprisa.
Creo que convendría escucharles. Si los mismos fabricantes aseguran que la máquina puede escaparse de nuestro control, lo razonable no es ponerse de brazos cruzados. Ahora bien, tampoco apagar el ordenador, tirar los móviles a la basura, cerrar los laboratorios y regresar a la máquina de escribir.
La inteligencia artificial es una revolución inimaginable. Ayuda a diagnosticar enfermedades, mejora la educación, acelera investigaciones científicas, combate la burocracia y facilita la vida a millones de personas. ¿Deseamos renunciar a todo eso por miedo?
Además, ¿qué significa detenerla? ¿Que Europa se pare mientras continúan Estados Unidos y China? ¿Que las democracias acepten límites que no respetarán las dictaduras, los delincuentes o los ejércitos enemigos? Una pausa unilateral no acabaría con la carrera tecnológica. Solamente decidiría quién llega el último.
Hay que regular, no cabe duda. Pero con inteligencia. Prohibir determinados usos. Extremar el control sobre el armamento autónomo, las infraestructuras críticas, la manipulación electoral, las suplantaciones y los ataques biológicos. Exigir auditorías independientes. Y, sobre todo, establecer que detrás de cada decisión delicada exista siempre una persona con nombre, apellidos y responsabilidad. La frase “lo decidió el algoritmo” no puede ser el escondite para políticos, empresarios o funcionarios.
Tampoco se deben entregar las normas únicamente a las grandes compañías tecnológicas. No está mal que ahora pidan controles, pero no seamos ingenuos, también, pueden utilizarlos para consolidar su poder y cerrar el paso a otros competidores. No se puede dejar a nadie escribir en solitario las reglas del negocio que le está haciendo multimillonario.
No sé desde luego si algún día una inteligencia artificial será capaz de acabar con la humanidad. Sí sé que los seres humanos somos perfectamente únicos para.utilizar cualquier avance para hacernos daño.
La IA no debe ser detenida. Hay que gobernarla. El progreso puede acelerar, pero el volante siempre debe estar en nuestras manos.
A.M. BEAUMONT