No podemos olvidar a Ceuta

Las Policía carga para contener a los migrantes de las playas tras los intentos de llegar en masa al Puerto de Ceuta
En la sesión de control del pasado miércoles, Sánchez ha vuelto a mentir a los españoles, al afirmar que lo ocurrido el pasado 30 de julio fue un problema migratorio y un drama humanitario. La inmensa mayoría de los españoles sabemos, y así lo ponen de manifiesto las encuestas, que lo ocurrido en Ceuta ha sido una violación grave de la integridad territorial de España, mediante la instrumentalización de seres humanos. Sánchez se negó, de nuevo, a defender la españolidad de Ceuta con firmeza y claridad.
Lo terrible ha sido que, una vez más, y en esta ocasión en sede parlamentaria, no ha querido contestar el comunicado del Reino de Marruecos, en el que se faltaba al respeto a los españoles, y esa posición claudicante ha sido utilizada por la diplomacia de Mohamed VI para remitir un correo a los europarlamentarios pidiendo que no se adopten medidas contra Marruecos, ya que el presunto Estado agredido, es decir, España, niega cualquier intervención en la invasión del Reino alauita.
Este es el verdadero problema de la crisis de Ceuta: la actitud del Gobierno de España, totalmente claudicante y sumisa, que hace sospechar que hay algo oculto que obliga a Sánchez a callar ante Marruecos. Por eso, las mentiras de Sánchez han sido denunciadas por diversos dirigentes socialistas que están muy preocupados porque el Gobierno ha perdido cualquier contacto con la realidad de lo que está sucediendo. Así pues, las peores críticas que está recibiendo el presidente del Gobierno proceden de sus propias filas. Emiliano García-Page, el dimitido asesor del delegado del Gobierno de Ceuta, el alcalde socialista de León, por Felipe González, el vicepresidente socialista de la Asamblea de Ceuta, hasta la exministra de Exteriores socialista González Laya, han denunciado que estamos ante una mentira de Estado, y consideran que Marruecos ha utilizado a sus ciudadanos como arma de guerra “híbrida”. Incluso, según el diario El País, el 63 % de los españoles no se creen a Sánchez y el 90 % culpa a Marruecos, y el CIS afirma que el 83 % de los españoles piden reforzar las fronteras.
La realidad de Ceuta no es una sensación subjetiva, como lo ha definido Marlaska. No es algo estructural, como afirmó Sánchez, pidiendo a los ceutíes que se conformen con tener a 10.000 invasores en sus calles. La realidad del terrible agosto ceutí fue, y sigue siendo, una agresión sexual diaria; se han atendido 5.233 llamadas de auxilio al 112, con un crecimiento de un 600 % con respecto al año anterior. En agosto de 2025 hubo 67 agresiones y peleas; en 2026, 1.001. Los allanamientos de morada, en agosto de 2025, fueron 10 y, en agosto de 2026, han ascendido a 600.
Está siendo tremendo ver a policías agredidos, a militares emboscados, a yihadistas infiltrados. Por eso, es necesario que se considere a los militares agentes de la autoridad, para que puedan protegerse de los ataques de estos individuos. No podemos olvidar que la propia Policía ha efectuado un informe en el que se pone de manifiesto que los invasores que han quedado en Ceuta “son lo peor de lo peor”. Esta es la realidad de Ceuta, la terrible realidad, y no una simple situación “nada extraordinaria”, como afirmó la portavoz socialista Montse Mínguez.
Lo ocurrido en Ceuta exige garantías de que no volverá a suceder, porque, les guste o no a Sánchez, Marruecos es responsable de lo ocurrido, por acción o por omisión. Porque hay algo aún peor que ser atacados desde el extranjero: es tener un presidente que, conociendo la invasión, prefirió la hamaca y las chancletas.
Los valencianos ya conocimos esa indolencia de Sánchez, ya que en la riada de 2024 nos dijo “si quieren ayuda, que la pidan”. Con la invasión del 30 de julio pasado, los ceutíes la han vuelto a comprobar, ya que, ante las llamadas desesperadas del presidente Vivas, el 27 de julio, advirtiendo de la presión en la frontera, le contestaron desde la Moncloa: “No llames más, que te estás poniendo muy pesado”.
Ante la invasión, Sánchez estuvo dos horas en Ceuta y no ha vuelto a acudir, como pasó en Paiporta, y prefirió irse de vacaciones a bucear y recomendar listas musicales. La portavoz socialista Montse Mínguez recibió los avisos desesperados del vicepresidente socialista de la Asamblea de Ceuta y ni se dignó a leerlos. Ese era el grado de preocupación de la portavoz socialista sobre lo que estaba ocurriendo. El delegado del Gobierno estuvo 9 horas en paradero desconocido tras recibir el aviso del CNI. El jefe de gabinete de Sánchez se marchó todo el mes de agosto a Japón a aprender japonés.
Ante esta conducta negligente, y ya veremos si la Audiencia Nacional considera que hay algo más, los españoles hemos podido comprobar que hay otra manera de actuar y hemos visto el liderazgo del presidente Vivas, su empatía y el sufrimiento con su gente. Lo cual le ha convertido en el objeto de la ira sanchista.
Para confirmar esta ira de Sánchez a Vivas, a la salida de la sesión de control del miércoles, y al ser preguntado por los menores de Ceuta, se limitó a decir “pregunten a Vivas”. Hasta ahí llega el rencor de Sánchez contra el presidente de Ceuta, el cual se ha convertido en su némesis, en el reverso de la moneda. Y eso duele, y mucho, en la Moncloa.
Por eso, no podemos olvidar a Ceuta, nos lo piden los ceutíes.