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Benjamín López

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EnfoquES del Director

La treta de Sánchez con la ley de nietos, al descubierto: se echa en brazos de Conde Pumpido para salvarla

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El experto trilero lo ha vuelto a hacer. Pedro Sánchez no recurre cuando le conviene perder un envite intermedio. Prefiere saltar al tapete donde ya tiene las cartas marcadas. La Fiscalía ha descartado recurrir las medidas cautelares del Tribunal Supremo que suspenden el voto de los nacionalizados por la llamada ley de nietos. Tampoco lo hará, al parecer, la Abogacía del Estado. Quienes llevaban días vociferando contra el auto de la Sala Tercera se han callado de golpe. No es extrañeza: es cálculo.

El magistrado Luis Sanz, @MagistraThor, lo advirtió con claridad: no se trata de defender el auto, sino de ganar tiempo para llegar lo más rápido posible al Tribunal Constitucional. Después de poner a caldo a los jueces del Supremo, el Gobierno elige no alargar la pelea en la jurisdicción ordinaria. Quiere el atajo. Quiere a Cándido Conde-Pumpido.

La operación es vieja y conocida. Una disposición de la Ley de Memoria Democrática, inflada después por una instrucción administrativa, ha servido para abrir la nacionalidad y el censo exterior a un volumen de electores que el Supremo considera un riesgo real para la transparencia del proceso. El Alto Tribunal no ha anulado pasaportes: ha frenado, cautelarmente, su impacto electoral. Sánchez responde no con un debate jurídico limpio, sino con la huida hacia el órgano que preside su hombre de confianza.

El plan es transparente. Un recurso de amparo —antes o después de la sentencia del Supremo— pedirá al Constitucional que levante la suspensión del Supremo. Es decir: que una cautelar del TC anule otra cautelar del TS. Con mayoría adicta, el desenlace está escrito. El presidente del Gobierno no confía en el Derecho. Confía en el árbitro que él mismo ha contribuido a colocar.

Llamar a esto reparación histórica es un eufemismo. Lo que hay es ingeniería de censo y un último recurso institucional cuando los tribunales ordinarios no colaboran. Sánchez no acepta que le recorten el atajo electoral. Se echa en brazos de Pumpido para que le devuelva lo que el Supremo le ha quitado de momento. Esa es la treta. Y es, de las suyas, la más descarada: ya no disimula ante quién pide auxilio cuando la ley le estorba.

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