Zapatero tenía "una caja de productos típicos" en su caja fuerte: su desvergüenza y la de Sánchez

Ángel Víctor Torres y Pedro Sánchez charlan en un acto del PSOE
Hay explicaciones que no explican nada y comparaciones que, lejos de rebajar un escándalo, lo agrandan. La de Ángel Víctor Torres sobre las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero pertenece a esa categoría. Equiparar unas joyas de elevado valor con una “caja de productos típicos” recibida por un político no es una aclaración: es una forma de intentar normalizar lo que precisamente debería exigir explicaciones.
Zapatero sostiene que varias de esas piezas fueron un regalo del entonces rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdulaziz, durante su etapa como presidente. Asegura que las guardó durante años junto a otros objetos y joyas familiares y que desconocía su verdadero valor. Corresponde ahora determinar documentalmente el origen, la naturaleza y las circunstancias de esos regalos, así como las obligaciones que pudiera haber respecto a ellos.
Pero hay algo que resulta difícil de entender políticamente: que la primera reacción desde el Gobierno sea rebajar la cuestión a la categoría de una caja de productos típicos. Si el Ejecutivo considera que los regalos recibidos por los cargos públicos deben estar sometidos a reglas más claras, perfecto: que las establezca y que se apliquen a todos, sin excepciones ni colores políticos.
Y aquí aparece Sánchez.
Porque el sanchismo ha convertido durante años la exigencia de responsabilidades al adversario en una disciplina de partido, mientras reclama para sí el beneficio de la duda cuando las dudas afectan a su propio entorno político. Ahora tiene una oportunidad sencilla: explicar qué normas deben regir estos regalos y defender que la transparencia sea exactamente la misma para un expresidente socialista que para cualquier otro cargo público. Y, sobre todo, tiene que explicar por qué no declaró a Hacienda estas joyas cometiendo así un presunto delito fiscal contra todos los españoles..
No se trata de condenar a nadie antes de tiempo. Se trata de algo mucho más básico: que quienes han ocupado la Presidencia del Gobierno entiendan que determinados regalos no son souvenirs.
Y que una joya de un millón de euros no se convierte en una caja de productos típicos porque así convenga explicarlo.