Las cloacas dan miedo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Los ataques del sanchismo a la juez Biedma son un anticipo de lo que le espera a los miembros del jurado que dentro de unos meses juzgaran el caso de Begoña Gómez, sin duda el PSOE ha cruzado todas las líneas. Ya no hablamos de fontaneros. Hablamos de sicarios. De narcos. De un partido en el poder que, según el demoledor escrito de la juez Beatriz Biedma ante la Audiencia Nacional, contactó con dos clanes de narcotraficantes de Badajoz – Los Rochos y el clan de “El Gitano” – para “actuar” contra ella.
No es una elucubración. Lo dice la propia magistrada en su petición de personación como perjudicada en la causa de las cloacas del PSOE que instruye el juez Santiago Pedraz. Lo acredita la UCO de la Guardia Civil en las agendas intervenidas a Leire Díez, la fontanera socialista: “Jueza de Badajoz. La Celsa. Heroína o gitano”, anotado el 25 de marzo de 2025, cuatro días después de que se rechazara la recusación contra Biedma. Lo que se ofreció, según han publicado es de una gravedad que hiela la sangre: a un clan se le pidió dar un “sustillo” a la juez mostrando su rutina y la del colegio de sus hijas de 15 y 17 años. Al otro clan se le lanzó: “Eliminad a Biedma y la Fiscalía cerrará vuestros casos”.
Biedma no investigaba una trama cualquiera. Investigaba a David Sánchez, el hermano de Pedro Sánchez. Resistió la catarata de querellas, el acoso, la campaña de desprestigio. Y cuando no pudieron apartarla con papeles, buscaron apartarla con delincuentes. Todo para intentar salvar al hermano de Pedro Sánchez.
Este es el PSOE de 2026. No el del GAL de los 80 que ya condenó a un Gobierno socialista. Es peor. Es el GAL de Sánchez, con ministros en ejercicio señalando a jueces por su nombre, con el presidente llamando “fachas con toga” y “lawfare” a cualquier instrucción que toque a su mujer, a su hermano o a su partido, y con una cloaca paralela que hace el trabajo sucio mientras el Gobierno lo legitima desde el atril de la Moncloa. Si han sido capaces de utilizar delincuentes contra una juez de Badajoz, ¿qué no serán capaces de hacer con el jurado popular que tiene que juzgar a Begoña Gómez? Nueve ciudadanos anónimos, sin escolta, sin toga que les proteja, van a tener que decidir bajo la presión de todo el aparato del Estado contra ellos. Ya dan miedo.
Una cloaca organizada por militantes socialistas, que ofrece tratos a narcos para atacar a jueces, se convierte en lo que el Código Penal define como organización criminal. Estamos ante una cloaca que no duda en afirmar que tiene poder suficiente para utilizar a la Fiscalía para cerrar causas a delincuentes a cambio de favores, una cloaca que fondos y estructuras vinculadas al partido socialista, según se desprende de investigación judicial, para pagar a intermediarios como Leire Díez, Pérez Dolset y el exjuez Sáenz de Tejada. Mientras esto sucede Sánchez y sus ministros se dedican al linchamiento público de la Justicia
Sánchez y sus ministros han dinamitado la separación de poderes. Han convertido cada auto judicial en un bulo y cada juez incómodo en un enemigo del pueblo. Ese discurso no es retórico. Es la coartada perfecta para que las cloacas actúen. Cuando Bolaños, Marlaska o la propia Diana Morant atacan a los jueces desde la tribuna del Congreso, están señalando el objetivo. Luego otros llaman a los narcos.
Nuestra sociedad y nuestro Estado de Derecho se sustentan en una Justicia independiente, que tiene que estar garantizada, incluso cuando sus decisiones afectan a personas vinculadas al poder. No podemos normalizar que una jueza tenga que pedir amparo ante situaciones de intimidación relacionadas con una decisión judicial.
Lo de Biedma no es únicamente un exceso. Es el sanchismo. Y da miedo.