Editorial
La extrema izquierda quiere resucitar con un 15M de la vivienda... a costa de Sánchez
Centenares de personas comienzan una acampada improvisada en la Puerta del Sol
La acampada improvisada en la Puerta del Sol, con tiendas frente a la Casa de Correos y el grito de “o cae el rentismo o cae el Gobierno”, no es un brote espontáneo de indignación ciudadana. Es un intento calculado de reescribir el origen. Quince años después, la extrema izquierda trata de volver al escenario de su nacimiento: el 15M. Entonces nació Podemos. Ahora, naufragada, busca un 15M de la vivienda para no desaparecer.
Los números son implacables. En las encuestas privadas de septiembre, Sumar ronda el 4,5%-6,6% y Podemos el 2,8%-3,8%. DYM los sitúa en el 4,5% y el 3,7%; Celeste-Tel, en el 5,1% y el 3,3%. El espacio que en 2023 sumó el 12,3% se ha partido y se ha encogido. No hay milagro demoscópico a la vista. Hay nostalgia de plaza y de pancarta.
El problema para Pedro Sánchez es que ese voto ya no está en la calle: lo tiene él. Durante años ha absorbido, domesticado y administrado la rabia a su izquierda. Yolanda Díaz está en el Gobierno. Los morados pelean por no quedar fuera del Congreso. El electorado que un día soñó con “asaltar los cielos” se ha convertido, en buena medida, en reserva estratégica del PSOE. Si la acampada cuaja y el malestar por la vivienda se politiza de verdad, el primer damnificado no será Feijóo. Será Sánchez.
No es casualidad que en la marcha se leyeran carteles contra “PSOE y Sumar, responsables de nuestra miseria”, ni que Irene Montero denunciara un “trágala” del Gobierno con Junts. La extrema izquierda necesita un enemigo visible y, al mismo tiempo, no puede atacar de frente al único presidente que todavía le garantiza escaños, ministerios y relevancia. Por eso elige Sol, el mito fundacional, y la vivienda, el problema más transversal.
Puede que el martes salga un decreto. Puede que la acampada dure dos noches o dos semanas. Da igual. El cálculo es otro: reconstruir una identidad propia a costa del voto que hoy sostiene a Sánchez. El 15M original tumó a Zapatero y alumbró un ciclo. Este, si funciona, no resucitará a nadie. Solo le quitará oxígeno al presidente que lleva años respirando con el pulmón de la izquierda radical.