Sánchez en estado puro: decreto populista sobre vivienda sin apoyo de Junts y sin negociar con el PP
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Pedro Sánchez ha vuelto a su registro más reconocible, el del cinismo en estado puro. Ante las cámaras pide a “todas las fuerzas parlamentarias” un último esfuerzo, altura de miras y sentido de Estado para convalidar un real decreto ley de vivienda que bautiza como “decreto Maricarmen”. Lo presenta como una cuestión de humanidad, no de ideología. La realidad es que el partido con más votos en España, el PP, no ha recibido ni siquiera una llamada para intentar buscar un acuerdo. Nada, cero interlocuciones. Vox, tres cuartos de lo mismo.
Ese es el método. El Gobierno ultima para este martes en el Consejo de Ministros un paquete de diez medidas —protección ante desahucios, límites a fondos, regulación del alquiler de temporada, bonificaciones fiscales, ayudas a la primera vivienda— que lleva meses atascado por falta de apoyos. Lo relanza ahora, presionado por la calle y por el impacto del desahucio de una mujer de 87 años en Madrid, como si la emoción sustituyera a la negociación.
Junts ya ha advertido que el último borrador se aleja del pacto, convierte el texto en un ómnibus que modifica decenas de artículos de la LAU y trata al pequeño propietario como si fuera un fondo buitre. Sin su voto, el decreto no se convalidará en el Congreso. Sánchez lo sabe y, aun así, prefiere el anuncio a un acuerdo real.
La ironía es sangrante. Mientras Moncloa instrumentaliza el caso, el Ayuntamiento de Madrid —gobernado por el PP— mediaba este lunes durante horas entre Urbagestión y los representantes de Maricarmen. El resultado: un nuevo contrato de ocho años, renta que no superará el 30% de sus ingresos netos y regreso inmediato a su piso de Sainz de Baranda. Solución concreta, no titular.
Ocho años de Gobierno, una Ley de Vivienda que restringió la oferta y disparó precios, y Sánchez responde con otro decreto intervencionista que no tiene los votos. No llama al PP, no cierra con Junts y usa a una anciana para vestir de humanidad lo que es, otra vez, cálculo político. Eso no es política de Estado. Es Sánchez en estado puro.