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Almeida acierta y Maricarmen está en su casa

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez AlmeidaAlejandro Martínez Vélez / Europa Press

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Almeida, qué odioso es Almeida. Le ha destrozado el guion de la demagogia a la izquierda. La racionalidad frente al populismo. La normalidad por encima del fanatismo. Los principios más sociales por delante de los “ismos”.

Maricarmen salió de su casa en camilla. Ahora tiene un acuerdo para volver. Entre una imagen y otra hay protestas, una negociación difícil y una mediación del Ayuntamiento de Madrid que merece ser elogiada. José Luis Martínez-Almeida ha hecho lo que se espera de un alcalde cuando una vecina de 87 años se encuentra en una situación así: intentar resolverla.

Me sorprende sobre todas la reacción de algunas voces que se dicen liberales. Es decir, fuego amigo. Protestan porque, según ellas, los impuestos van a pagar el piso de Maricarmen. Leamos el acuerdo antes de indignarnos. Se trata de un nuevo contrato con la empresa propietaria, negociado mediante un servicio municipal. Maricarmen pagará un alquiler ajustado a sus ingresos. No consta que el Ayuntamiento vaya a pagarle la renta.

Incluso si la mediación y las garantías del programa tienen un coste público, ¿desde cuándo emplear recursos municipales para ayudar a resolver un problema de vivienda es una traición a la libertad? Se podrá discutir cuánto debe gastar una administración y con qué criterios. Lo que resulta estúpido es convertir a esta mujer en una amenaza para los principios de nadie.

El propio liberalismo ofrece lecciones que invitan a cautela: John Locke, por ejemplo, defensor a ultranza de la libertad, estuvo vinculado a intereses relacionados con la esclavitud. Tal contradicción debería recordar al liberalismo que los principios no deben aplicarse de forma tan rígida que impidan atender a las personas que tenemos delante.

Maricarmen, tras aceptar el acuerdo, puede regresar a la casa donde ha vivido siete décadas. Almeida, sin duda, ha acertado. Ha hecho lo posible. Ojalá los alcaldes tuvieran más instrumentos para responder a los problemas reales de sus vecinos. Y ojalá supiéramos reconocerlo, también cuando quien encuentra una solución es de nuestro partido. A.M. BEAUMONT

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