A Sánchez se le nubla Sol: los manifestantes rechazan sus decretos, exigen más y sigue la acampada

Asamblea informativa del Sindicato de Inquilinas en Sol
A Pedro Sánchez se le empieza a hacer bola la acampada de Sol. El Gobierno ha aprobado sus decretos de vivienda y, sin embargo, las tiendas siguen allí. No parece que los manifestantes estén dispuestos a recogerlas para escenificar una victoria presidencial. Al contrario: el Sindicato de Inquilinas, susurrado al oído por Podemos, reclama más medidas y llama a mantener la movilización. Incluso se han planteado nuevas protestas y una huelga general.
La paradoja es mayúscula. Sánchez prometió que esta iba a ser la "legislatura de la vivienda" y ha hecho de la intervención pública uno de sus grandes banderines. Pero Sol le devuelve ahora una imagen incómoda: ni sus propias recetas parecen bastar para quienes las reclaman. Todo lo contrario, sus medicamentos matan al enfermo.
Los datos ayudan a entender por qué. Según idealista, desde la entrada en vigor de la Ley de Vivienda los alquileres son un 30,7% más caros de media y la oferta se ha reducido un 30%. En mayo, el alquiler medio alcanzó los 15,1 euros por metro cuadrado, máximo de su serie histórica.
Ahí está el problema de fondo: cuando una medida política pretende resolver una emergencia y el mercado ofrece precios crecientes, menos viviendas disponibles y una competencia cada vez mayor entre inquilinos, resulta difícil proclamar que la misión está cumplida.
Además, la protesta ha recuperado deliberadamente símbolos del 15-M y ha abierto un espacio de presión a la izquierda del PSOE. Podemos participa de ese pulso político y parece evidente que busca recuperar ese espacio de extrema izquierda que Sánchez, el PSOE, les ha arrebatado. .
Por eso Sol es mucho más que una acampada. Es el recordatorio de que aprobar decretos no equivale a solucionar un problema. Y si las tiendas siguen allí cuando el Congreso vote las medidas el viernes, Sánchez tendrá una pregunta cada vez más difícil de responder: si esta era la receta, ¿por qué el enfermo sigue protestando?