Sánchez, derrotado, debe convocar elecciones

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hoy en el Congreso
Pedro Sánchez quería retratar a los demás con los decretos de vivienda y ha acabado achicharrado él. El Congreso rechaza los dos textos. La derrota es rotunda. ¿Qué le queda al presidente de la mayoría con la que pretende seguir gobernando España.
Hace un par de días confiaba salvar uno al menos. Sacar algo que vender a su parroquia. Poder presentar una victoria después del espectáculo de una coalición que se vio obligada a llevar al Congreso dos decretos para responder al mismo problema. Ni ese consuelo tiene.
La vivienda, gran angustia de millones de españoles. De jóvenes que no pueden emanciparse. Familias que apenas llegan al alquiler. De quienes temen perder la casa en la que han vivido durante décadas. Merece soluciones que se puedan aplicar. Aprobar medidas en el Consejo de Ministros sin reunir los votos para sostenerlas solo sirve para hacer publicidad. Gobernar es algo más.
Sánchez intentará convertir el rechazo en una acusación contra quienes han votado en contra. Así es. Él siempre tiene buenas intenciones; los demás, intereses oscuros. Pero Junts formaba parte de los apoyos con los que decidió construir esta legislatura. Nadie le impuso esa dependencia. La eligió, la defendió y pidió a los españoles que aceptaran su precio. Ahora debe responder por lo que le ocurre.
Formalmente, no se votaba una cuestión de confianza. Políticamente, el Congreso se la ha retirado en respuesta a uno de los problemas más graves del país. Después de tantos anuncios, de tantas promesas y de tanto señalar culpables, el presidente no logra sacar adelante ninguno de sus decretos. ¿Con qué autoridad promete ahora resolver el problema?
España no puede seguir pendiente de si Sánchez consigue los votos para sobrevivir una semana más. Tras este fracaso, debe convocar elecciones y someter su gestión al juicio de los ciudadanos. Si cree que tiene razón, si sostiene que sus medidas cuentan con un respaldo social tan amplio, debería ser el primero en querer comprobarlo.
Los españoles también tienen algo que decir. Y llevan demasiado tiempo escuchando a Sánchez hablar en su nombre.
A.M. BEAUMONT