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Sánchez pierde la batalla y las elecciones asoman: así hemos vivido una jornada frenética

El escudo que no funciona: el gran fracaso social y económico del Gobierno

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.Europa Press

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Hablar bajito no es síntoma de buena gestión. Hay quien confunde el tono susurrante con solvencia, la tecnocracia de pasillo con competencia. El vicepresidente Carlos Cuerpo es el mejor ejemplo. Habla bajo, mide las palabras, parece serio. Pero los números gritan más que su susurro. Y los números dicen que su gestión es un fracaso. El mismo fracaso que el de su compañera de gobierno, María Jesús Montero. Dos perfiles distintos, una misma consecuencia: un país más pobre, más caro y con un escudo social que no protege a nadie.

Nos vendieron que el escudo social era irreversible, que era la gran conquista de este gobierno. ¿Irreversible? Lo que es irreversible es el daño que ha hecho su política económica a las familias.

Empecemos por lo más doloroso: la pobreza infantil. España lleva una década anclada en la vergüenza de liderar la pobreza infantil en Europa. Según Eurostat y el último informe de Save the Children, más del 28,9% de nuestros niños está en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada tres. En la Unión Europea la media es del 24%. Aquí no baja, sube. ¿De qué sirve un Ministerio de Infancia, un comisionado contra la pobreza infantil y mil anuncios si un tercio de los niños no puede permitirse una semana de vacaciones, material escolar o una dieta adecuada? El escudo no llega a las habitaciones de esos niños. Se queda en el titular.

La segunda pata del fracaso es la pobreza energética. Este invierno, con el bono social eléctrico recortado a la mitad y el IVA de la luz devuelto al 21% después de haberlo vendido como una medida estructural, miles de hogares han vuelto a elegir entre calentar la casa o llenar la nevera. El precio del kilovatio se ha duplicado respecto a 2019. El gas, lo mismo. Las familias que cobran el salario mínimo interprofesional destinan ya casi el 15% de su renta a pagar energía. Eso es pobreza energética severa. El gobierno responde con un cheque de 200 euros que llega tarde y mal y que no cubre ni una factura. El escudo social no se ve en el contador, se ve en la estadística de cortes de suministro, que ha crecido un 20% en el último año según la CNMC.

Y llegamos al núcleo del problema: la inflación. El gobierno vive de decir que ha vencido a la inflación. Es mentira. Ha vencido la estadística maquillando el IPC con intervenciones puntuales, pero no la inflación real que sufre la gente. Desde 2021, la cesta de la compra básica ha subido más del 31%. El aceite de oliva, un 70%. Los huevos, un 40%. El alquiler medio en España ha subido un 11% solo en el último año y la hipoteca variable media paga 400 euros más al mes que en 2021.

Eso no es una percepción. Es que el salario medio ha perdido más de seis puntos de poder adquisitivo. Trabajar ya no garantiza no ser pobre. Esa es la herencia del escudo.

Todo esto tiene un responsable político y económico directo. El vicepresidente de Economía, Carlos Cuerpo. El hombre que venía a dar credibilidad. ¿Qué credibilidad? Ha renunciado a su función principal: decir que no. Decir que no a un gasto descontrolado, decir que no a prorrogar unos presupuestos caducados de 2023, decir que no a convertir España en el país con mayor presión fiscal de su historia sin retorno en servicios. Cuerpo ha preferido el silencio cómplice. Hablar bajito para no molestar a Moncloa. Viajar mucho a Bruselas para que le aplaudan allí mientras aquí la AIREF, el Banco de España y la Comisión Europea le advierten de que España incumple la regla de gasto y de que su cuadro macroeconómico no se lo cree nadie. Hablar bajito no es gestionar. Es esconderse.

Cuerpo es el silencio, pero con el ruido de fondo de la caja registradora. Estamos ante el Gobierno que más ha subido los impuestos en democracia. Más de 80 subidas de tributos desde 2018. El IRPF que no se deflacta, el impuesto al plástico, al patrimonio, a las grandes fortunas que acaba pagando la clase media, la subida de cotizaciones que es un impuesto al trabajo. Recaudación récord: más de 270.000 millones. ¿Y dónde va? No va a sanidad, que tiene listas de espera récord. No va a educación, que tiene ratios peores. Va a sostener un entramado de gasto político, de subvenciones clientelares y de un escudo que es pura propaganda.

El resultado es un gobierno sin presupuestos. España lleva tres años con las cuentas prorrogadas de 2022. Eso no había pasado nunca en democracia. Gobernar sin presupuestos es gobernar sin proyecto, a base de decretazos, sin control parlamentario, sin decirle a los ciudadanos a qué destina cada euro que les quita. Es la confesión de que no tienen mayoría para aprobar un plan económico. Un escudo social de verdad no necesita eslogan. Necesita que la luz se pueda pagar, que los niños coman tres veces al día, que el sueldo no se evapore el día 15 y que haya unas cuentas públicas que se puedan enseñar en Bruselas sin sonrojarse.

Hoy no hay nada de eso. Hay pobreza infantil al alza, pobreza energética disparada, inflación enquistada y lo que tenemos es un vicepresidente sanchista que habla bajito para que no se note que no gestiona. Carlos Cuerpo es responsable por mucho que lo presenten como el moderado del gobierno.

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