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Sánchez pierde la batalla y las elecciones asoman: así hemos vivido una jornada frenética

Elecciones ya

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Empresa y Comercio, Carlos Cuerpo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Empresa y Comercio, Carlos CuerpoEuropa Press

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Se sabe, Pedro Sánchez llama resistencia a seguir en La Moncloa. Cuando no tiene una mayoría para sostener su Gobierno. Presume de resistente. Cada día que aguanta lo considera una victoria personal. Pero los españoles necesitan algo más que ver cómo su presidente sobrevive.

La derrota de los dos decretos de vivienda es la puntilla. La legislatura no da más de sí. No hablamos de algo secundario. Son jóvenes que no pueden emanciparse, familias que hacen cuentas para poder pagar el alquiler y personas que temen perder su casa. Ante este panorama, el Gobierno se enfrascó en el sainete de dos decretos, dos discursos y un cacao que acabó estrellándose estrepitosamente en el Congreso.

Sánchez culpará a la oposición. Señalará a Junts, cuyos votos le sirvieron para llegar hasta aquí. Incluso tratará de convertir otro fracaso propio en una campaña contra los demás. Pero no puede presentar su impotencia como una forma de gobernar.

No ha sido capaz de presentar los Presupuestos en toda la legislatura. Tampoco de ordenar a su Gobierno alrededor de una respuesta coherente ante la invasión de Ceuta y, ahora, ante el problema de la vivienda. ¿Para qué quiere seguir? ¿Qué puede ofrecer a España, además de propaganda estéril y otra ronda de reproches?

Sánchez ha agotado su crédito político. Un dirigente responsable habría entendido ya que, cuando no puede sacar adelante las decisiones fundamentales para un país, debe dejar hablar a los ciudadanos. Las urnas también sirven para resolver los bloqueos. Sobre todo cuando quien debía superarlos se ha convertido en parte del problema.

Ahora La Moncloa anuncia un periodo de reflexión. Otro más. Sánchez se toma el fin de semana para valorar si convoca elecciones. Quiere escuchar a la calle. Eso dice. Olvídense, lo que quiere es calcular los riesgos y averiguar qué salida le conviene más. Es lo que lleva haciendo todos estos años: poner su conveniencia por delante de las necesidades del país.

Ojalá esta vez coincidan ambas cosas. Porque España no necesita otro capítulo del manual de resistencia de Sánchez. Necesita elecciones. Ya.

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