Sánchez, con trampas y prisas, apura su último cartucho electoral: elecciones a la vista

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez vuelve a dar un volantazo. El experto en giros de última hora tiene ya filtrado, a través de los medios que mejor le leen el pensamiento, que este lunes puede disolver las Cortes y convocar elecciones. Todo indica que apura su última oportunidad antes de que el tsunami de causas que rodea a su entorno acabe arrastrándole a una derrota y, quién sabe, ante un juez.
Esa oportunidad le llega subido a una ola de populismo barato: una anciana desahuciada convertida en símbolo y un remedo de 15-M tan inflado y prefabricado como efectista. Ya se verá si es efectivo. Para cabalgarla necesita su último salto mortal, el que lleva los límites de la decencia al territorio de lo desconocido.
El plan, tal como lo cuentan sus propios portavoces oficiosos, pasa por disolver las Cortes y, acto seguido, reaprobar los decretos de vivienda que el Pleno tumbó el viernes con los votos de PP, Vox y Junts. Disuelta la Cámara, entra en juego la Diputación Permanente: el órgano reducido que asume las funciones del Congreso fuera de los periodos de sesiones o cuando las Cortes están disueltas. La componen 69 diputados, repartidos en proporción a los grupos. Ahí la aritmética cambia. PSOE y Sumar, con ERC, Bildu, PNV y Podemos, sumarían 35 votos frente a 34 de PP, Vox y Junts. El veto de Junts deja de contar. Basta con volver a sacar los decretos y someterlos a esa votación para intentar darles el visto bueno que el Pleno les negó.
Es una trampa a la voluntad mayoritaria de la Cámara, expresada en plenitud hace dos días. Legal, sí. Inmoral, como es Sánchez. Muchos volverán a llamarle gran estratega. Lo que es, en realidad, es un tipo sin escrúpulos que bordea la ley, la estira y la moldea a su conveniencia. Con ese golpe de efecto cree que puede presentarse ante los españoles con opciones de revalidar la mayoría Frankenstein que le mantiene en el poder.
Es probable que se equivoque, aunque esta sea su mejor baza y, a estas alturas, su única opción. A partir de ahora todo apunta a peor para él: la imputación del PSOE por financiación ilegal está al caer, como una posible condena a su esposa y el avance de otros sumarios, entre ellos el de las cloacas del partido. Asuntos tan turbios como él, de los que pretende escapar llamando a las urnas. La derecha tiene que movilizarse más que nunca para sacar de la Moncloa a este aprendiz de dictador. Su permanencia sería la destrucción de la democracia en España.