Sánchez y como el liderazgo, la polarización y el relato se convierten en poder

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros
Por segundo día consecutivo desde que anunciara la disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de elecciones, Pedro Sánchez ha utilizado los resortes del Estado en su beneficio, dando sendos mítines desde el atril de la Presidencia del Gobierno. Esta actitud del Presidente del Gobierno, ha sido una característica de sus 8 años de mandato, con unas manera y actitudes más propias de un autócrata que de un presidente que respete los conceptos de la democracia.
Estas actitudes demuestran su desprecio al Parlamento, la utilización de resortes del Estado como la aprobación de los dos decretos derogados en un nuevo Consejo de Ministros para que en condiciones favorables a sus intenciones sean aprobados por la Diputación Permanente de las Cortes, teniendo en cuenta que el nivel de representación no es el mismo que en la composición del Congreso, pudiendo estar cometiendo fraude de ley, dado que apenas hace 4 días que esos decretos fueron rechazados por el Congreso y la Diputación Permanente, está sólo para que no exista un vacío de poder en casos de necesidad que puedan urgir a la nación.
Este comportamiento nos hace analizar como el liderazgo, la polarización y el relato, operan como mecanismos de poder y en este caso, vamos a hacer una comparativa en el modo de actuar de Pedro Sánchez y el Kirchnerismo, régimen y modo de gobernar muy similar al que el dirigente socialista, pretende implantar en España.
Estos dos contextos institucionales muy distintos, pero con un miso foco de análisis: como un liderazgo transforma una organización histórica desde el liderazgo, mediante la polarización, construcción del adversario, usando una comunicación directa, con movilización, ejerciendo una batalla por el relato y desde la capacidad de construir alianzas que le mantengan en el poder.
Las diferencias institucionales entre Argentina y España nos impiden equiparar modelos, pero la pregunta de fondo que nos sugieren es si el sanchismo ha desplazado parte del marco socialdemócrata hacia una lógica más polarizada y personalista. Con las urnas próximas, esta estrategia, se somete a su prueba más directa: la respuesta del electorado y la capacidad de convertir apoyos en mayorías estables. Lo que se pone realmente a prueba, es como se ejerce el poder, como se construyen las mayorías y hasta que punto, un liderazgo personalista, puede sostenerse sin erosionar su base de apoyo.
La comparación entre el Kirchnerismo y el denominado sanchismo español no debe plantearse como una equivalencia entre dos modelos políticos, ya que Argentina y España, tienen sistemas constitucionales diferentes, tradiciones políticas distintas y estructuras institucionales, que impiden establecer una identificación directa. Esas diferencias, permiten centrar el análisis en un terreno concreto: los mecanismos mediante los cuales, un liderazgo político consigue transformar una organización histórica, consolidar una base electoral, construir un adversario y mantener una posición de poder.
El primer paralelismo aparece en la creciente personalización de la política. Mientras que el Kirchnerismo terminó identificándose con Nestor y Cristina, haciendo que el liderazgo presidencial se convirtiera en una referencia fundamental de la identidad política del espacio, en España, desde el regreso a la Secretaría General del PSOE de Pedro Sánchez, este ha situado su liderazgo, en el centro de la estrategia socialista, aunque existe una diferencia esencial, ya que el Kirchnerismo constituyó una corriente políitica dentro del peronismo, mientras que el sanchismo se desarrolla en un partido histórico de la socialdemocracia europea, con un fenómeno comparable, la progresiva identificación entre el proyecto político y la figura del dirigente. Cuando esta identificación aumenta, las elecciones dejan de ser una competición entre organizaciones, ya que se convierten en una evaluación del liderazgo.
El segundo elemento común, es la progresiva división de la política en bloques. En el caso argentino, el Kirchnerismo convirtió buena parte de la política, en una confrontación entre quienes defendían el proyecto y quienes se situaban frente a él. En España, también se ha consolidado una política de bloques cada vez más marcada, en donde el espacio progresista, se articula fundamentalmente alrededor del PSOE y sus socios parlamentarios, mientras que la derecha se articula en torno al PP y Vox, con una consecuencia importante que hace que el elector no vote unicamente programa, sinoque vota para impedir que gobierne el bloque contrario, lo que hace de la política, una pelea entre identidades, lo que hace que esta dinámica favorezca a los lideratos fuertes, porque cuando mayor es la percepción de amenaza,mayor puede ser la cohesión interna del propio espacio.
El tercer paralelismo destacado, es el relato. Mientras que en Argentina los gobiernos del Kirchnerismo tuvieron una intensa confrontación con determinados medios de comunicación, en España, la política contemporánea, se libra cada vez más en el terreno de la interpretación de los acontecimientos, ya que las redes sociales, han reducido la dependencia de los líderes respecto a los medios tradicionales, lo que hace que gobernar, ya no consiste unicamente en adoptar decisiones, sino en explicar esas decisiones dentro del marco político que el gobierno pretende establecer para la ciudadanía,
Por otro lado, el PSOE tradicional se apoyaba en una estructura orgánica muy poderosa, pero el sanchismo, ha reforzado la centralidad del secretario general y del presidente del gobierno, como ejes de la estratégia política, generando que el liderazgo ocupa una posición predominante en la definición de las prioridades, las alianzas y el discurso electoral.
Ante estos elementos, se puede decir que el sanchismo, no ha convertido al PSOE en un partido populista pero se comprueba que si ha desplazado el centro de gravedad de su estrategia hacia una política más personalista, basada en la construcción de bloques y adversarios, incorporando elementos que la ciencia política, asocia con la lógica populista.
Estas y otras razones que podríamos desarrollar nos llevan a la conclusión que España ha estado gobernado durante 8 años por un Presidente del Gobierno que aunque está apoyado por un partido tradicional, sus actos, personalidad y liderazgo, le pueden definir como un autócrata competitivo que usa el poder en beneficio propio, usando como tapadera una democracia que en realidad pretende destrozar, para convertirla en su “cortijo de poder” sin importarle las consecuencias para el Estado, la sociedad y la convivencia.