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Editorial

Sánchez, traidor a los españoles y a su palabra, que no vale nada: Puigdemont se ríe de nosotros

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,ALBERTO PAREDES

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"Nadie está por encima de la ley. Puigdemont es un prófugo de la Justicia. Trabajaremos para que el sistema judicial español, con todas sus garantías, pueda juzgarlo con imparcialidad. La Fiscalía cuenta con el respaldo del Gobierno en la defensa de la Ley y del interés general". Son palabras de Pedro Sánchez el 6 de noviembre de 2019 en la red social X. Siete años después, el mismo Pedro Sánchez ha consumado su traición a los españoles y a su propia palabra, que hace mucho que dejó de tener valor.

Carles Puigdemont puede regresar a España en el momento que lo considere oportuno después de que el Tribunal Constitucional, muy dividido, haya extendido la ley de amnistía al delito de malversación, el último que pesaba sobre el prófugo. Cándido Conde-Pumpido, como un fiel lacayo, ha servido una vez más a los intereses de Sánchez, los que le llevaron a prometer una amnistía a Puigdemont a cambio de sus votos para lograr la investidura.

El mayor acto de traición y corrupción política que se recuerda va a permitir al golpista expresidente de la Generalitat no solo regresar a España en modo victorioso, sino presentarse como una víctima. La ley de amnistía no es un perdón: es el borrado de los delitos. Nunca existieron. Y eso implica el reconocimiento implícito de que España actuó de manera arbitraria e injusta. Toda una humillación para nuestro país que lleva la firma del presidente sin escrúpulos que aún habita en La Moncloa.

La ley, su palabra y la moralidad son conceptos ajenos al personaje más nefasto que hemos conocido en nuestro país desde la restauración de la democracia. Todo para él es moldeable a sus deseos e intereses. El caso Puigdemont es, probablemente, el que mejor lo muestra en todo su esplendor. Sánchez negoció en el extranjero con un prófugo de la justicia una ley que había prometido no promulgar por ser inconstitucional, humilló a su país y lo dejó durante estos años a merced de sus enemigos, los separatistas que le mantienen en el poder.

Puigdemont, no lo olvidemos, llegó a venir a España, a Barcelona, sin que la policía ni la Guardia Civil dirigidas por Marlaska hicieran nada para detenerlo, a pesar de que estaba vigente entonces una orden de detención contra él. Si eso no es prevaricar, si Sánchez y Marlaska no prevaricaron, que venga Dios y lo vea.

El sanchismo es un cáncer para España. La única buena noticia es que el 29 de noviembre los españoles tenemos la oportunidad de extirpar el tumor para siempre.