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Editorial

Sánchez, por encima del Parlamento y de los tribunales: aprendiz de dictador

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Europa Press

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Hace unos días Pedro Sánchez sentenció que el Parlamento había dado la espalda a la calle y que el Gobierno no iba a hacerlo. Este viernes, en eldiario.es, ha insistido: "Es hora de que el Parlamento se parezca a la calle y no a quienes viven en aticazos". No es un desliz de campaña. En septiembre de 2024, ante el Comité Federal del PSOE, ya advirtió que había Gobierno para largo "con o sin el concurso del poder legislativo". El mensaje es siempre el mismo y es peligroso: las Cortes solo son legítimas cuando coinciden con él.

En esa lógica, Sánchez es "la calle". Él interpreta su voluntad y decide qué demanda cuenta y cuál no. Lo demás —el Congreso, el Senado, una mayoría que le tumba un decreto— puede ser desobedecido, sorteado por la Diputación Permanente o simplemente declarado traidor a la soberanía nacional. Felipe González lo ha dicho con una claridad que debería avergonzar a quien aún se reclama socialdemócrata: le cuesta soportar que el presidente del Gobierno de su país afirme que el órgano de la soberanía nacional traicionó a la mayoría. Y ha añadido lo esencial: si el Parlamento traiciona la soberanía, no importan las elecciones, porque del siguiente también podrá decirse que no la representa. Es exactamente el argumento de quien no acepta perder.

Ahora Sánchez da un paso más en esa deriva autoritaria. En la misma entrevista no descarta indultar antes del 29-N a Álvaro García Ortiz, el fiscal general condenado por el Tribunal Supremo por revelación de secretos. Sánchez ya lo había declarado "inocente" porque según él, "sólo defendió la verdad y la institución". Primero confió la corrección de la sentencia condenatoria al Tribunal Constitucional, como hizo en el caso de los ERE, pero ahora anuncia que el indulto es una posibilidad real. No se limita a interpretar la voluntad de "la calle": dicta sentencia. Como el Supremo ha condenado a un "inocente", el Gobierno lo indulta. Él es también el juez supremo.

Sólo un aprendiz de dictador puede decir y hacer estas cosas sin ponerse colorado, sacando pecho incluso. Si Sánchez logra otros cuatro años, el destrozo institucional —Parlamento residual, tribunales corregidos por decreto, soberanía reducida a la voluntad de un hombre— será ya irreversible.

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