El desolador escenario político tras ocho años de régimen sanchista

La sombra del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin en PonferradaCarlos Castro / Europa Press

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Si realizamos un análisis imparcial de la actuación de Pedro Sánchez durante los ocho años que lleva al frente del Gobierno el resultado no puede ser más desalentador. En realidad tal situación no debería sorprendernos en exceso, si tenemos en cuenta que, desde un punto de vista psicológico, nos encontramos ante un sujeto cuya personalidad viene marcada desde la cuna por una psicopatía de carácter narcisista. 

Así, entre los principales rasgos caracteriales que adornan al personaje nos encontramos con una genuina falta de empatía, un profundo sentimiento de superioridad, un exacerbado afán de poder, una desmedida tendencia a la mentira instrumental y a la manipulación de los hechos y, en definitiva, con un grado tan elevado de inmoralidad que le permite tratar a las personas como medios para conseguir sus fines sin ningún tipo de escrúpulos.

En consecuencia, cuando este psicópata de manual llegó al Gobierno carecía de un proyecto personal orientado a facilitar la convivencia y dar respuesta a los problemas de la ciudadanía. Muy por el contrario, cuando P. Sánchez accedió al poder tan solo tenía en mente mantenerse en el poder a toda costa y gozar de los privilegios que dicha situación otorga enriquecerse tanto él como su círculo familiar y su núcleo político más cercano. 

Por ello, nada llegar al Palacio de la Moncloa -aparte de tomar el control absoluto del PSOE mediante la eliminación de todo elemento disidente de las estructuras ejecutivas del partido- P. Sánchez recurrió, en primer lugar, a reconfigurar un Frente Popular absolutamente inviable en términos de gobernanza, pero capaz de otorgarle la mayoría parlamentaria que las urnas le negaron a su partido. A su vez, envuelto en la capa del supremacismo moral propio de la izquierda, P. Sánchez construyó un relato populista, demagógico y, lo que es peor, con claras connotaciones guerracivilistas. 

Dicho relato, envuelto por la manida retórica que caracteriza al progresismo de salón, básicamente ha consistido en criminalizar a la derecha, para así polarizar a la sociedad española y volver a dividirla en dos bloques irreconciliables, con la evidente finalidad de impedir la alternancia política, aunque ello supusiera alterar el normal funcionamiento de la democracia. Obviamente, a través de este tortuoso camino, el autócrata monclovita lo que ha pretendido, ya desde el comienzo de su periplo presidencial, no ha sido otra cosa que dar por finiquitado el contrato social suscrito por una gran mayoría de españoles y reflejado en la Constitución del 78, para de esta forma estar en disposición de sustituir la Monarquía Parlamentaria por una República Plurinacional en la que él habría de ejercer como presidente ad eternum.

Para llevar a cabo sus abyectos propósitos P. Sánchez hace tiempo que inició un camino sin retorno en busca de la colonización de las instituciones del Estado, para de esta forma contar con la sumisión de los órganos competentes para llevar a cabo las tareas de control del Gobierno. Así, como consecuencia de la mefistofélica actividad del reconocido socialista Cándido Conde-Pumpido, el Tribunal Constitucional bajo su presidencia se ha convertido en un tribunal de casación del Tribunal Supremo, es decir que, pervirtiendo su función, en lugar de velar por el cumplimiento de la Carta Magna -como, por ejemplo, declarar anticonstitucional la amnistía a los golpistas catalanes- no hace otra cosa que enmendar la plana al Tribunal Supremo en materias que no son de su competencia y siempre en beneficio del Gobierno socialcomunista. 

Igualmente, por medio de la también socialista Enriqueta Chicano, el Tribunal de Cuentas, a pesar de las concluyentes pruebas presentadas por el arrepentido Víctor de Aldama relativas a la existencia de donaciones irregulares al PSOE, no ve irregularidad alguna en la financiación del partido socialista, algo que más pronto que tarde quedará demostrado en sede judicial.

Por otra parte, P. Sánchez también ha mostrado un desmedido interés en controlar diferentes empresas públicas, haciendo especial hincapié en aquellas que tiene la capacidad de falsear la realidad y propagar las inexistentes bondades del régimen sanchista. Así, el otrora prestigioso Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) bajo la presidencia del socialista José Félix Tezanos se ha convertido en una institución disfuncional que, con tal de favorecer en sus sondeos al PSOE en general y a P. Sánchez en particular, no ha tenido vergüenza alguna en errar en la inmensa mayoría de las encuestas demoscópicas que ha publicado hasta el momento, cayendo de esta forma en el mayor de los descréditos. 

A su vez, la configuración de la parrilla de RTVE es para echarse a temblar, debido al obsceno sectarismo exhibido sin rubor alguno por periodistas -como Silvia Intxaurrondo, Javier Ruiz, Jesús Cintora, Xabier Fortes, y el becario pelota Gonzalo Miró entre otros- que definitivamente han perdido toda forma de respeto al código deontológico que rige tan insigne profesión.

No obstante, frente a tanta iniquidad se ha levantado un dique de contención constituido por jueces, fiscales, policías nacionales y guardias civiles relacionados con los procesos judiciales que afectan al núcleo más cercano de P. Sánchez, los cuales, haciendo gala de una honorabilidad y valor encomiables, han sido capaces de llevar a cabo su cometido con exquisita pulcritud e indudable éxito, a pesar de las presiones recibidas por parte de un partido como el socialista cuya sala de máquinas se ha reconvertido en un Patio de Monipodio. 

De hecho, debido a la corrupción sistémica en la que está inmerso en cuerpo y alma el PSOE, el Poder Judicial en su conjunto ha sufrido una permanente campaña de difamación y descrédito por parte de las llamadas cloacas del PSOE, las cuales, demostrando que su falta de respeto a la ley no tiene límites, llegaron incluso al extremo de contactar con un clan de narcotraficantes para intimidar y agredir a la juez que instruía la causa judicial del hermanísimo.

Sin embargo, por difícil que pueda parecer, el lamentable escenario político que acabamos de describir se ha visto exacerbado por el obsceno intento de adulterar el censo electoral mediante la llamada “Ley de nietos”, cuyo desarrollo (por obra y gracia de una ilícita instrucción realizada por la directora general de Seguridad Jurídica y hermana del orangután que actualmente tenemos por ministro de Transportes) venía a ampliar la base de sujetos con derecho a la nacionalidad española y al voto al incluir a todos aquellos descendientes de personas que emigraron desde 1936 a 1955, con independencia de que su exilio obedeciera a razones de índole política, contraviniendo así lo establecido por dicha ley, según consta en el Boletín Oficial del Estado. 

Ante tal ataque a la limpieza del proceso electoral una vez más han tenido que ser el Tribunal Supremo el que ha salido a la palestra para detener el atropello a la democracia, dictando un auto que contempla la paralización cautelar de dicha ley hasta que los nuevos nacionalizados demuestren su condición de descendientes de exiliados políticos.

A la luz de todo lo expuesto parece evidente que tras ocho años de régimen sanchista el escenario político provocado por la fraudulenta actividad del partido socialista solo puede calificarse de desolador. Sin embargo, conociendo la forma de actuar de P. Sánchez y su camarilla de presuntos delincuentes, resulta predecible que, en un desesperado intento de alterar en interés propio el normal desarrollo de la campaña electoral, el PSOE recurra a la secular táctica comunista de incendiar las calles mediante la movilización de toda esa patulea de sindicalistas, perroflautas y charos encorsetados políticamente por un fanatismo sectario y limitados intelectualmente por una exuberante irracionalidad.

Decía Sun Tzu en su obra 'El arte de la Guerra' que “El que planifica la victoria en el cuartel general, incluso antes de entablar la batalla, es el que tiene más factores estratégicos de su parte. (…) El que tiene más factores estratégicos a su favor es el que gana”. Dicho esto, solo cabe concluir señalando que bien harían las fuerzas políticas de derechas en seguir el consejo del sabio chino, aguzar el ingenio y prepararse para la contienda, ya que de P. Sánchez se puede esperar cualquier cosa y ninguna de ellas buena, dada su desaforada tendencia a cometer todo tipo de fechorías.