La cesta de la compra no miente: el Gobierno recauda, las familias pagan

El precio de la cesta de la compra se ha disparado un 42% durante el sanchismo
Hay dos Españas. La que ve el Gobierno en sus ruedas de prensa y la que ve la gente en el supermercado. Esta semana esas dos Españas han vuelto a chocar.
El IPC se ha ido al 4,9%. Los alimentos y bebidas no alcohólicas, un 2,7% más caros en un año. No es una décima arriba o abajo. Es la factura que pagas cada semana.
Ante esta terrible situación, es fundamental eliminar el IVA a los alimentos básicos. IVA al 0% en aceite, carne, pescado, conservas, pan, leche, huevos. Y tiene más razón que nunca. Porque el dato es demoledor: desde que Pedro Sánchez llegó al poder en junio de 2018, los alimentos han subido un 42%.
Paremos un momento en ese dato. Un 42%. Si en 2018 llenar el carrito de la compra te costaba 100 euros, hoy te cuesta 142 euros por exactamente lo mismo. Si compras aceite de oliva, el litro ha pasado de 3,5 euros a casi 9 euros en el peor momento. La carne de pollo, el pescado, la fruta. No hay producto básico que no haya sufrido una escalada brutal.
¿Han subido los salarios un 42% desde 2018? No. ¿Han subido las pensiones un 42%? No. ¿Ha subido el salario mínimo real después de impuestos e inflación un 42%? Tampoco. Lo único que ha subido un 42% es el coste de llenar la cesta de la compra y, sobre todo, lo que recauda Hacienda.
Ese es el escándalo que hay que denunciar. El descontrol del Gobierno lo sufre el poder adquisitivo, pero lo disfruta la caja del Estado. Con precios más altos, con el mismo tipo de IVA, el Estado recauda más. Es una subida de impuestos encubierta vía inflación. El Gobierno está haciendo caja con la subida de la cesta de la compra. Por eso habla de récord de recaudación mientras las familias hablan de récord de esfuerzo.
Y no es una fatalidad europea. Es un fracaso español. Llevamos 17 meses consecutivos con la inflación por encima de la media de la Unión Europea. En septiembre, nosotros al 4,9%; Europa al 3,8%. Más de un punto de diferencia. Algo estará haciendo mal el Gobierno de Sánchez para que los precios suban más aquí que en Francia, Alemania o Portugal.
¿Qué hace mal? Tres cosas. En primer lugar, no quiere tocar los impuestos que dependen de él. Se niega a deflactar el IRPF. Si la inflación sube, los sueldos que suben para compensarla te hacen saltar de tramo y pagas más IRPF por el mismo poder adquisitivo. El Gobierno te quita con una mano lo que te da con la otra.
En segundo lugar, mantiene un IVA punitivo sobre lo esencial. En plena crisis de precios, España sigue aplicando un 4% superreducido a alimentos que otros países han puesto al 0%. Portugal lo hizo. Alemania bajó el IVA energético. Aquí el Gobierno lo hizo a regañadientes y de forma temporal y, en cuanto pudo, lo volvió a subir.
En tercer lugar, gasta sin control y genera más inflación. El déficit estructural no se corrige y el gasto político no para de crecer. Más gasto público financiado con más recaudación inflacionaria genera más inflación. Es un círculo vicioso.
Frente a eso, el plan de choque es simple, entendible y aplicable mañana mismo si hubiera voluntad: IVA al 0% en alimentos básicos. No es una ocurrencia. Es lo que permite la directiva europea y lo que ya han hecho nuestros vecinos. Suprimir el 4% del pan, leche, fruta, carne, pescado y conservas supone un alivio directo de 300 a 400 euros al año para una familia media. No hay que tramitar nada, se nota en el ticket al día siguiente.
IVA al 10% en energía. Luz y gas no son un lujo. Bajar del 21% al 10% de forma estable da aire a hogares y a comercios, especialmente a la hostelería, que es uno de los sectores que más sufre el coste energético. Es necesario profundizar en rebajas fiscales para familias con hijos, porque el invierno demográfico tiene mucho que ver con el coste de la vida. Aumentar mínimos familiares, deducciones por hijos, por guardería y por material escolar debe ser prioritario.
No es una bajada de impuestos para ricos. Es una bajada de impuestos para el que va a comprar al mercado. El Gobierno dirá que bajar el IVA cuesta dinero. Claro que cuesta: cuesta lo que ahora mismo están cobrando de más gracias a la inflación. Lo que se pretende no es que el Estado pierda, es que deje de ganar a costa de los ciudadanos más vulnerables.
La cesta de la compra no miente. Y dice que después de ocho años de sanchismo, comer cuesta un 42% más. Con ese dato, mantener el IVA es un impuesto contra los ciudadanos. Eliminarlo es una cuestión de justicia social.