Sánchez juega sucio en la campaña: se ríe en la cara de la Junta Electoral

Pedro Sánchez ha convertido el desprecio a las reglas del juego democrático en su marca de la casa. Apenas horas después de que la Junta Electoral Central le abriera expediente por utilizar el Palacio de la Moncloa como sede de un mitin del PSOE —presumiendo de logros, atacando a la oposición y pidiendo “una mayoría más rotunda”— el presidente del Gobierno ha vuelto a las andadas desde Bruselas.
En la rueda de prensa del Consejo Europeo, Sánchez no se limitó a informar sobre la cumbre. Se dedicó a vender su gestión económica, a jactarse de la “hucha de las pensiones” (comparando los 20.000 millones actuales con los 5.000 de 2018), a anunciar que el PSOE quiere “una mayoría más amplia y progresista” y a ganar el Senado, y a acusar a PP y Vox de mentir a los pensionistas para recortarles después la jubilación. Mensajes idénticos a los de sus mítines de precampaña, pronunciados desde una tribuna institucional europea pagada con dinero público.
La Junta Electoral Central no inventa normas. Aplica el artículo 50.2 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), que desde la convocatoria de las elecciones prohíbe taxativamente “cualquier acto organizado o financiado, directa o indirectamente, por los poderes públicos que contenga alusiones a las realizaciones o a los logros obtenidos, o que utilice imágenes o expresiones coincidentes o similares a las utilizadas en sus propias campañas”. El propio Tribunal Supremo ha respaldado esta doctrina: las alusiones electoralistas pueden ser legítimas en un acto de partido, pero no en el desempeño institucional de una autoridad pública, porque quebrantan la igualdad entre contendientes.
Sánchez conoce perfectamente la norma. Es el presidente más sancionado de la democracia por vulnerarla, con multas acumuladas que ya superan los 6.000 euros y sentencias firmes del Supremo que confirmaron castigos anteriores por el mismo motivo en Bruselas en 2023. La JEC le acaba de advertir, de nuevo, que se abstenga de estas manifestaciones y que la reincidencia tendrá consecuencias. Él responde haciendo exactamente lo mismo el mismo día.
Para Sánchez la ley no es un límite, sino un obstáculo elástico que se interpreta, se amolda o se ignora según convenga a sus intereses personales y electorales. Embarra el terreno de juego sin pudor, utiliza los recursos del Estado como altavoz de propaganda y se ríe abiertamente de quien tiene la obligación de garantizar que la competición sea limpia. No es un desliz: es un método. Y cada vez más descarado.