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Editorial

El PP y VOX deben rematar a Sánchez: a solo seis escaños de una mayoría en el Senado que lo cambia todo

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el del PP, Alberto Núñez Feijóo

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el del PP, Alberto Núñez FeijóoEuropa Press

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PP y Vox están a solo seis escaños de alcanzar la mayoría de tres quintos en el Senado (161 escaños) que les permitiría renovar el Tribunal Constitucional con magistrados de signo conservador y romper el actual dominio progresista del tribunal de garantías, según publica este martes el diario El Mundo.⁠

La encuesta de Sigma Dos para ese diario dibuja un escenario claro: si ambos partidos concurren por separado el 29-N, como hicieron en 2023, el PP obtendría entre 125 y 130 senadores y Vox entre 15 y 22 (incluyendo designaciones autonómicas), sumando con UPN una mayoría absoluta holgada pero quedándose cortos, en el mejor de los casos, de los tres quintos necesarios. El frente de izquierdas —PSOE y Frente Amplio unidos bajo la candidatura “Senado de Progreso”— ha reducido en unos 15 escaños las expectativas del bloque de la derecha.

El sistema electoral mayoritario del Senado (cuatro senadores por provincia, donde el primero suele llevarse tres y el segundo uno) hace que los más de 2,7 millones de votos de Vox en 2023 se desperdiciaran en muchas circunscripciones. Hay margen entre el 21 y el 26 de octubre para optimizar: retirada de listas de Vox en una veintena de provincias o candidaturas combinadas donde las opciones de Abascal son remotas.

PP y Vox están obligados a entenderse porque es lo que España necesita en estos momentos. Ambos parecen haberse dado cuenta de que la verdadera “prioridad nacional” es echar a Sánchez de La Moncloa el 29-N. Todo lo demás es accesorio o secundario. El desgaste de la legislatura de Sánchez —con la amnistía, la dependencia de independentistas, la corrupción y el deterioro institucional— ha consolidado un bloque de derechas que las encuestas sitúan por encima de los 200 escaños en el Congreso. Pero el Senado no es un adorno: controlar los tres quintos permite nombrar cuatro magistrados del TC (los asientos de Conde-Pumpido, Balaguer, Enríquez y Macías) y cambiar el signo de un tribunal que ha funcionado como escudo del Gobierno. Es la pieza de caza mayor que convierte una victoria electoral en un cambio de ciclo real, no en una mera alternancia de caras.

La izquierda ha actuado con pragmatismo al unirse para no regalar escaños. La derecha no puede permitirse el lujo contrario. En provincias como las de la Comunidad Valenciana, varias de Andalucía, Extremadura, Aragón, Asturias, Baleares o Canarias, concentrar el voto evita que el segundo puesto se escape y maximiza el daño al bloque sanchista. Abascal ha hablado de pactos que “exigen sacrificios”; Feijóo debe responder con la misma claridad. El electorado de centro-derecha no perdona divisiones cuando el objetivo es tan claro: acabar con un Gobierno que ha gobernado de espaldas a la mayoría y con la Constitución como arma arrojadiza.

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