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Si no es de una manera, pues será de otra

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (d)Europa Press

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Da toda la impresión de que Feijóo y Abascal se felicitan por la convocatoria electoral del 29-N. Sin embargo, desde distintos foros se viene advirtiendo de que va a ser difícil, aun perdiendo las elecciones, que Sánchez deje el poder por el procedimiento democrático al uso.

Es muy lamentable que aún existan dudas y temor a que un nítido resultado electoral desaloje del poder a Pedro Sánchez sin que este se resista hasta límites insospechados. Son incontables los precedentes que invitan a dudar de un relevo sereno y pacífico cuando se han pervertido, vulnerado y malparado multitud de preceptos legales, constitucionales y morales.

Podríamos glosar todo tipo de excesos, mentiras, manipulaciones, falsedades, trampas, traiciones y felonías del hontanar sanchista; pero ya es un ejercicio inocuo. A Sánchez le resbala la retahíla de su hemeroteca, videoteca y audioteca. Es ocioso percutir en las mentiras y contradicciones; es como si sacamos a relucir el currículo vitae de Satanás: ¿podemos esperar que aparezca un atisbo de bondad, sinceridad o coherencia? Nada.

Es muy, muy grave siquiera pensar que convocar unas elecciones generales conlleva un alto riesgo de resolución sin incidentes criminosos. Pues bien; yo lo creo… dadas las actuales circunstancias.

Hace muy pocos días -muy pocos como para perder la memoria- que Pedro Sánchez pronunció la frase más gerracivilista, antidemocrática y peligrosísima de su pérfido repertorio: “Si no es de una manera, pues será de otra, pero estoy convencido de que vamos a continuar cuatro años más”. Ahora, relean y deténganse en “será de OTRA”. ¿Qué es eso de otra? No hay otra. Solo existe una manera: la democrática, la constitucional, la del Estado de derecho, la de la ley. La “otra” es una invitación hacia una aventura que, viniendo de quien viene, es un infernal vaticinio para las generales del 29-N.

Personalmente, reconozco mi pesadez al insistir en el procedimiento más adecuado para acabar democráticamente con el sanchismo: la moción de censura. Es la enésima vez que aseguro que, con este gobierno tan peligroso, el formato democrático más seguro es la moción de censura: se convoca, se celebra, se vota, y por la tarde dejas de ser presidente del Gobierno y te vas a casa. No intervienen votos por correo, nietos, muertos, recuentos, interventores, compromisarios, impugnaciones… La moción de censura es el procedimiento más radical, eficaz y quirúrgico para evitar las experimentadas trapacerías de un gobierno que, por cierto, llegó al poder con una moción de censura. Quien a hierro hiere, a hierro muere.

El PP se felicita con el slogan “Por Fin”, pero no precave que para Sánchez el fin justifica inadvertidos medios. Llegar al 29-N va a ser un discurrir de sobresaltos calculados para generar un estado de agitación descomunal. Ya lo estamos viendo en las calles, y el sanchismo anima y alienta la importación de la bestial beligerancia que vemos en Francia y otras latitudes.

No. No va a ser fácil llegar al 29-N con el sosiego y la tranquilidad deseables en una democracia madura. Y ya veremos, según los resultados, cómo se administra una posible derrota, un ajustado equilibrio de bloques u otras incidencias sobrevenidas con perversa intencionalidad.

Quizá nos acordemos de la moción de censura antes de que Sánchez viese la oportunidad de optar por las elecciones generales. A mí no me cabe la menor duda de que Pedro Sánchez nunca barajó las elecciones generales como una opción para que el pueblo hable y decida en libertad. De eso nada.

Sánchez supo desde el primer momento que contaba con la inquebrantable ayuda de sus fieles esbirros, especialmente PNV y Junts. No obstante, se han venido desencadenando acontecimientos que hacen muy difícil sostener al felón sin un evidente deterioro de sus mantenedores. Sostener en el poder a Pedro Sánchez supone un desgaste electoral que sus apoyos han valorado. Todo el mundo sabe que si uno de estos partidos quisiese esta infamia quedaría resuelta enseguida. Pedro Sanchez, experto olfateador de carroñas electoralistas y sectarias, advierte que podrían existir algunas flaquezas en sus apoyos; incluso, mostrándose proclives hacia una posible moción de censura. Ante esta alerta, Sánchez urge una inopinada convocatoria electoral, que siempre es una opción con menos riesgo que el sartenazo de la moción de censura. Una precampaña y campaña aderezadas de algaradas, huelgas y máxima agitación es una ventana de oportunidad para, como él dijo: “Si no es de una manera, pues será de otra”. Y en eso estamos.