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Las carcajadas de Sánchez con Broncano que pagamos todos

Pedro Sánchez, en el programa 'La Revuelta' junto a David Broncano

Pedro Sánchez, en el programa 'La Revuelta' junto a David BroncanoTVE

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Pedro Sánchez se ríe mucho con sus propios chistes. A carcajadas. Que tengan gracia es otra cosa. El jueves, en La Revuelta, el “hombre de hielo” quiso mostrar su lado más informal. La impresión fue que, incluso para soltarse, necesita tenerlo todo bajo control. Jugaba en casa. Pero ni así.

La entrevista, en realidad, fue un spot publicitario pagado por todos en la televisión pública. El candidato socialista encontró un escaparate formidable para triunfar. Después de tantos años dando lecciones a los españoles, ahora tocaba descubrir lo estupendo que es cuando está relajado.

Hubo un momento que lo definió mejor que ninguno. Sánchez vinculó su deseo de seguir cuatro años en La Moncloa con una oferta de continuidad para el programa: “Si eso pasa y ‘La Revuelta’ quiere, os ofrezco seguir cuatro años”. “¡RTVE es mía!”, le faltó decir. Su coto privado.

No debería extrañarse luego de que se discuta la independencia de la televisión pública. Dirá que ha sido una broma, pero resulta muy llamativo que un candidato ofrezca años de programación mientras pide seguir años en el poder. ¿Llevó el contrato de Broncano en el bolsillo?

RTVE recuerda que también ha invitado a los demás candidatos. Solo faltaría. Tendrán que acudir, si quieren, y someterse al criterio de los espectadores. Pero la invitación no tapa el debate sobre el trato recibido por Sánchez. La independencia se demuestra en las preguntas, las repreguntas y el tono.

Por supuesto que un presidente puede ir a un programa de humor. Faltaría más. La cuestión es cuánto queda de espontáneo cuando cada aparición fabrica una versión electoral del personaje: el marido enamorado, el aficionado a la música, el tipo cercano que también sabe reírse.

A Sánchez le entusiasman sus papeles. Se escucha, se celebra y se ríe sonoramente. Ya sabemos que tiene muy buena opinión de sí mismo. Lo malo es que la promoción corre de nuestra cuenta.

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