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Editorial

Sánchez, el ilusionista tramposo que fabrica nietos, encuestas y olas de indignación y violencia

Pedro Sánchez, el martes en Olivarobersolsona

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La campaña de Pedro Sánchez para intentar mantenerse en La Moncloa ha girado en torno a tres ejes: un pucherazo en ciernes con la 'ley de nietos' que el Supremo está en vías de abortar; encuestas manipuladas o directamente inventadas para crear una falsa sensación de remontada, y una supuesta indignación popular contra la oposición que se traduce en violencia consentida.

Lo de la ley de nietos es especialmente grave. El Supremo en su último auto desvela de que 31.390 expedientes de nacionalización examinados por los consulados hasta la fecha, sólo 91 cumplían los requisitos de la ley, es decir, solo 91 eran descendientes de exiliados del franquismo. El resto, un fraude, el propiciado por la instrucción de Sofía Puente, presunta prevaricadora.

Queda claro que, para empezar, tenemos ya 31.299 falsos compatriotas que iban a poder votar el 29-N de no haber sido por Iustitia Europa. A su líder, Luis María Pardo, paladín contra la corrupción, le debemos los españoles ese reconocimiento, entre otros. Esa cifra, hay que aclarar, es solo la punta del iceberg. No sabemos cuántos son esos falsos españoles, 'nietos' de Sánchez, que atesoran un pasaporte mal concedido, pero la cifra real puede ser de varios cientos de miles. Los suficientes seguramente como para decidir unas elecciones si el Supremo no lo evita.

Lo de las encuestas adulteradas por Tezanos o inventadas por el PSOE también responde a una estrategia: apuntalar el pucherazo y crear una ilusión de remontada que no aguanta el más mínimo análisis. No es posible al mismo tiempo que el CIS dé 12 puntos de ventaja al PSOE sobre el PP y que la secretaria de Organización diga que el partido maneja encuestas internas que apuntan a la remontada. Las encuestas, hay que pensar mal, sirven en realidad de coartada para un pucherazo. Si lograran pervertir el resultado siempre podrían decir que "las encuestas ya lo pronosticaban".

La violencia es el tercer eje de la campaña socialista. Si votan mal que sepan que van a tener 4 años de protestas en las calles, decía el ministro Puente sin despeinarse hace unas horas. Protestas como las de la plaza María Pita en La Coruña. Es decir, violencia consentida por Pedro Sánchez. Allí el delegado del Gobierno permitió que una manifestación de la extrema izquierda -siempre violenta- acabar en el mismo lugar y a la misma hora en la que Santiago Abascal encabezaba un acto electoral de VOX. Eso no es un error, es deliberado. Se buscó, se propició lo ocurrido.

Sánchez es un tramposo ilusionista, pero le hemos pillado el truco por burdo y por repetido. El lobo ese que viene, según él, no existe. El lobo lo tenemos ya aquí, en La Moncloa, desde hace 8 años. Un lobo que miente, hace trampas y agita la violencia con tal de seguir en el poder. Hay que echarle a votos el próximo 29-N.