¡Que viene la derecha, que viene la derecha!
Una simpatizante de Vox con una bandera de España
El tiempo vuela en este país llamado España mientras esperamos con los brazos abiertos la llegada de unos comicios en los que nos jugamos mucho, muchísimo, demasiado. ¿Qué sucederá si, tras el 29-N, la derecha llega al Gobierno de la nación? ¡El apocalipsis, por supuesto! De ahí que, queridos compatriotas, tengamos que preparar las maletas, lanzar unas cuantas alertas antifascistas y comprar velas para dar la bienvenida a la nueva etapa que se abrirá ante nosotros: ¡la de los dinosaurios! Y es que, si gobiernan el PP o Vox, los derechos de todos, todas y todes correrán el riesgo de esfumarse de la noche a la mañana. ¡Se avecina una buena si no lo remediamos!
Las primeras víctimas de tal retroceso serán las mujeres, condenadas a abandonar sus puestos de trabajo para pasar el resto de sus vidas pegadas a los fogones, con delantal y permiso firmado hasta para salir a comprar al supermercado. Por si fuera poco, se verán abocadas a reproducir, sin rechistar, el papel que desempeñaron sus abuelas y bisabuelas en tiempos pretéritos. ¡Menudo panorama el que les espera a las pobrecillas! Los machirulos de turno, ya sean padres o maridos, pasarán a convertirse en los vigilantes de sus vidas, dispuestos a asegurarse de que ninguna de ellas abandone el domicilio conyugal o paterno sin la correspondiente autorización.
Los siguientes perjudicados van a ser los integrantes del colectivo LGTBIXYZ que, por culpa de los derechuzos eclesiásticos, acabarán siendo tratados de la peor manera posible: ¡como personas normales y corrientes, igual que los heterosexuales! Gays, lesbianas, bisexuales, personas no binarias y tantos otros individuos tendrán que soportar tremendo agravio. ¡Esto hay que evitarlo a toda costa, ya que son especiales y, por ese motivo, deben recibir un trato preferente por los siglos de los siglos, amén! Sin lugar a dudas, una auténtica aberración que vulnera los derechos humanos, humanas o humanes de manera fija discontinua. ¿Dónde vamos a llegar si hay políticos empeñados en dejar en un segundo plano los gustos sexuales del prójimo, sean cuales sean? ¡Que alguien los denuncie, por favor, ante el futuro Ministerio de los Ofendiditos sin Fronteras antes de que sea demasiado tarde!
La cultura tampoco escapará a esta cruzada contra las libertades, especialmente las novelas asociadas al progresismo o al libertinaje, como las eróticas, esas grandes enemigas de la moral y las buenas costumbres. ¡Ups, ahora que lo pienso! Con la irrupción de un Gobierno de derechas, existe la posibilidad de que la saga de Jonko Blanco pase a convertirse en una reliquia clandestina reservada a lectores de lo más selectos. Eso, si antes no terminan en la hoguera todos y cada uno de los ejemplares de El abismo del placer y La lucha interna de Jonko con el propósito de purificar las diversas librerías ubicadas en España. ¡Tales escenarios solo podremos imaginarlos mientras disfrutamos de la Biblia y el Nuevo Testamento!
Hablando de la Biblia, en materia económica también viviremos una catástrofe de dimensiones bíblicas. Gracias a los «fachillas», pagaremos hasta por respirar, instalarán tornos en los parques más importantes del país y necesitaremos hipotecarnos para llenar la cesta de la compra. ¡Algo que, por supuesto, no sucede ahora con el Gobierno más progresista de la historia! Además, los jóvenes deberán solicitar un aval bancario para comprarse una PlayStation 5 o un portátil, mientras que a los pensionistas no les quedará otra que empeñar hasta las zapatillas que se ponían en su adolescencia para pagar los medicamentos con monedas de chocolate y billetes de pan de ángel. ¡Una hecatombe económica de tal calibre que, sin duda, hasta el mismísimo Moisés saldría corriendo en busca de una calculadora para cuantificar los daños ocasionados!
Ni siquiera los servicios públicos van a librarse de las tropelías ocasionadas por la Fachosfera. Los hospitales, todos sin excepción, serán privatizados para que solo puedan permitírselos aquellos que tengan euritos en la cuenta; los colegios echarán el candado con la excusa del clasismo y los funcionarios se verán obligados a trabajar a escondidas para evitar levantar sospechas. Todo esto sucederá en cuanto el nuevo Ejecutivo de derechas tome posesión. Recordad que, con sus primeras medidas, España quedará hecha un solar —¡no como ahora con Sánchez y compañía!—, hasta el punto de que el cambio climático logrará acelerarse ipso facto por decirle adiós a Sánchez y a los suyos.
Pero tranquilos, admirados lectores que hayáis sobrevivido a semejante cataclismo antiderechuzo. Aclaro que este artículo de opinión está cargado masivamente de humor, ironía y sarcasmo, así que, porfa please, no lo utilicéis en mi contra recurriendo a la hemeroteca liberal que poseo desde 2019. Intento ser coherente en mis discursos y continuar siéndolo hasta, por lo menos, los cincuenta años; después, ya veremos. Bromas aparte, mi manera de pensar permanecerá intacta: casarme con ideologías o filosofías según el asunto, pero jamás con formaciones políticas.
No obstante, aquí va mi vaticinio, 100% sincero: gobierne quien gobierne dentro del espectro de la derecha, nos guste o no, tocará apretarnos el cinturón para hacer frente a los desfases económicos heredados de la izquierda. Sí, me gustaría no ser pájaro de mal agüero, pero, desgraciadamente, para que llegue la calma tras la tempestad, primero deberemos transitar por un camino repleto de adversidades derivadas de la gestión del Gobierno de Sánchez. Y es que así de injusta es a veces la vida, amigos: mientras unos se dedican a gastar como si no hubiera un mañana, a otros no les quedará más remedio que dar la cara y explicarnos las consecuencias de tanto despilfarro.
Para concluir, tan solo me queda pediros que, votéis a quien votéis, lo hagáis siendo conscientes de las consecuencias de vuestra elección. Bajo mi punto de vista, las únicas opciones para evitar que Sánchez nos gobierne una legislatura más son el PP o Vox. Nadie más. En la situación que estamos viviendo actualmente, cualquier otra alternativa supondría desperdiciar el voto y contribuir a prolongar una realidad que nuestro país no puede permitirse seguir arrastrando. Para todo lo demás, Mastercard.