Benjamín López

EnfoquES del Director

Sánchez toca fondo: su peor problema no es el accidente de Urda

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El accidente de Urda es, en sí mismo, un problema mayúsculo para el Gobierno. Una tragedia que ha conmocionado a España, con decenas de muertos en la alta velocidad, meses después del de Adamuz. Sus efectos electorales pueden ser devastadores. Pero el mayor problema de Pedro Sánchez no es este nuevo siniestro: es que destapa, de forma brutal e inapelable, la verdadera cara del personaje.

Hace menos de diez meses, tras la tragedia de Adamuz, el presidente del Gobierno pronunció palabras solemnes. Aseguró que “las instituciones no van a dejar solas a las víctimas, tampoco a las familias; no vamos a olvidarlas, vamos a estar a su lado hoy, mañana y todo el tiempo que haga falta”. Prometió que el Estado “no va a mirar a otro lado”, que llegaría “hasta el final” con respuestas y mejoras, y un “acompañamiento continuado”. Ni siquiera las recibió. No acudió al funeral de Huelva. Las familias denunciaron abandono, falta de contacto y de verdad. La asociación de víctimas ha recordado que, en estos meses, “no se ha hecho nada” y que avisaron del riesgo de una nueva catástrofe.

El personaje miente. Siempre miente. Y ahora ya nadie le cree, salvo los incondicionales impermeabilizados a la verdad. Su principal problema es la falta de crédito: su palabra vale cero. Lo que diga, explique o prometa sobre este accidente que ha vuelto a golpear a España carece de valor. Cualquier declaración de “contundencia”, de “esclarecer hasta el último detalle” o de “reconstruir la confianza” suena a eco vacío de las promesas incumplidas de Adamuz. La reincidencia es la prueba.

La actualidad le va a obligar a lidiar en plena campaña electoral con este asunto tan brutal. Lo hace indefenso: sin credibilidad y reincidente. El votante que no pertenece al núcleo duro ya no distingue entre el accidente y la mentira. Solo ve a un presidente cuya palabra no compromete, cuya presencia no consuela y cuya gestión no previene. Ese es el fondo al que ha tocado Sánchez. Y de ahí no se sale con un discurso.