editorial
Sánchez 'dimite' a Óscar Puente para intentar salvarse él: una farsa planeada en Moncloa
El problema para Sánchez es que desaparece el escudo, pero no la tragedia ni los 69 fallecidos de Urda (ni los de Adamuz). No puede pasar página ni retomar la campaña como si nada hubiera ocurrido
El ministro de Transportes, Óscar Puente, comparece ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados
La dimisión de Óscar Puente como ministro de Transportes, anunciada al final de su comparecencia en el Congreso el 3 de noviembre, no es un acto de dignidad política espontánea. Es el último movimiento de una estrategia diseñada en La Moncloa para proteger a Pedro Sánchez de cara al 29-N. Durante días el Ejecutivo vendió exactamente lo contrario: respaldo total a Puente, rechazo a cualquier dimisión o cese y confirmación de que seguiría como cabeza de lista del PSOE por Valladolid. Fuentes de Moncloa lo repetían aún horas antes, tras el Consejo de Ministros. El giro de guion fue brusco y teatral.
Sánchez utilizó a Puente como parapeto desde el accidente de Urda (28 de octubre, 69 fallecidos), el segundo desastre mortal de alta velocidad en menos de un año tras Adamuz. Primero le pidió que continuara cuando el propio ministro puso el cargo a disposición; luego lo mantuvo en primera línea para absorber el desgaste mientras las encuestas se deterioraban. Cuando la presión se hizo insostenible y la campaña se torció, entregó su cabeza en forma de sacrificio calculado a los votantes. No sabemos aún el momento exacto en que Sánchez decidió sacrificarlo ni cuándo se lo comunicó, pero la secuencia es clara: días de “no habrá dimisión” seguidos de un anuncio “por sorpresa” que Puente dice haber tomado en los primeros minutos y solo haber avisado al presidente minutos antes de hacerlo público.
El problema para Sánchez es que desaparece el escudo, pero no la tragedia ni los 69 fallecidos de Urda (ni los de Adamuz). No puede pasar página ni retomar la campaña como si nada hubiera ocurrido. Él es el máximo responsable del declive de las infraestructuras españolas y de la gestión que ha permitido dos accidentes mortales sin precedentes en la alta velocidad. La dimisión de Puente es una farsa que busca enderezar artificialmente el relato de cara al 29-N, pero los ciudadanos estamos en disposición de recordarle quién nombra a los ministros, quién mantiene las prioridades y quién debe asumir las consecuencias políticas de un sistema ferroviario que se ha mostrado vulnerable. Faltan menos de cuatro semanas.