editorial
Sánchez 'mata' a Óscar Puente horas después de su 'dimisión': deja en evidencia su gestión
Apenas nombrado Carlos Cuerpo ministro de Transportes en funciones, el máximo responsable de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, ha salido del cargo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente
Pedro Sánchez no ha necesitado ni veinticuatro horas para ejecutar a Óscar Puente políticamente. Apenas nombrado Carlos Cuerpo ministro de Transportes en funciones, el máximo responsable de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, ha salido del cargo. Formalmente es una dimisión; en la práctica es un cese fulminante que deja al descubierto lo que Puente negó durante meses: que la alta velocidad española no estaba bajo control.
El contraste es elocuente. Puente, lenguaraz y desafiante, defendió su gestión a capa y espada incluso después del accidente de Urda (69 muertos) y del de Adamuz (46). Sumados, más de 115 fallecidos en menos de un año en el sistema que él tutelaba. Sostuvo que los fallos eran puntuales, que el centro de control de Adif había errado y que él seguiría al frente ofreciendo soluciones. Mantuvo a Marco en el cargo pese a que este había puesto su puesto a disposición el mismo día de la tragedia. La narrativa oficial era que todo estaba bajo control y que la dimisión del ministro era un gesto de dignidad, no un reconocimiento de fracaso.
Cuerpo, mucho menos chulo y mucho menos bocazas, ha hecho exactamente lo contrario en su primer movimiento. Tras una reunión en el ministerio ha retirado la confianza a quien Puente protegió. Adif necesita un cambio y el presidente anterior no encaja, ha sido el mensaje implícito. El corte ha sido limpio, inmediato y público. Con ello, el Gobierno de Sánchez reconoce de facto que la gestión previa no era tan sólida como se afirmaba y que el equipo que Puente había blindado formaba parte del problema.
No se trata solo de un relevo técnico. Es una marca y una señal. Sánchez ha permitido que el sucesor interino de Puente desmonte en horas lo que el exministro había apuntalado durante años. La destitución del máximo responsable de la infraestructura ferroviaria, una semana después de Urda y al día siguiente de la renuncia de Puente, convierte en papel mojado las afirmaciones de que la seguridad estaba garantizada. Con 115 muertos a la espalda, el gesto de Cuerpo no es un simple ajuste de personal: es la evidencia de que las cosas no estaban tan bien como se contaba.