la mirilla
La "sincronizada" sanchista canoniza a Óscar Puente

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, comparece a petición propia ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados.
Oyes a determinados comentaristas y parece que Óscar Puente ha sido el ministro más competente de la historia. Alguien de tanta calidad moral y humana que ha decidido inmolarse políticamente por sus principios. Faltan las estampitas. ¿Con la dimisión se borra todo lo ocurrido? Dada semejante despedida, cualquiera diría que los españoles hemos perdido un gran ministro por culpa de nuestra incomprensión.
Dos catástrofes ferroviarias. 115 muertos. Y una dimisión que terminó llegando cuando su continuidad era insostenible. Ese es el balance que los elogios desean sepultar. Hasta el propio Puente reconoció que un ministro de Transportes no podía continuar después de dos accidentes de semejante gravedad en menos de un año.
Entonces, ¿a qué viene tanta admiración? Dimitir era lo exigible. Lo extraordinario ha sido la resistencia a aceptar que también él debía responder. Ahora resulta que marcharse merece más reconocimiento que el que se ha dedicado a exigirle explicaciones mientras seguía en su despacho. Por cierto, se marcha después de haber llevado al Consejo de Ministros y aprobarlo un plan para salvar los trenes el mismo día que decidió tirar la toalla. De verdad, ¿alguien cree que tenía pensado dejar el Gobierno, o que en los planes de Sánchez entraba cambiar de ministro?
Hay, además, un detalle que ocultan quienes nos venden esta exhibición de coherencia. Puente ha asegurado que decidió dimitir nada más conocer la tragedia de Urda. Pero durante los días siguientes negó públicamente que fuera a hacerlo. Si la decisión estaba tomada, las negaciones eran falsas. Cuesta encontrar ahí tanta transparencia como proclaman sus fans. Creo más bien que su dimisión fue una pataleta histriónica durante la sesión en el Congreso que ha dejado desnudo al presidente del Gobierno.
Durante demasiado tiempo hemos visto al ministro entregado a embarrar las redes. Siempre un post insultante, una descalificación, otra pelea. Transportes tenía al frente a un hombre que parecía encontrar más satisfacción en humillar a un adversario que en buscar seguridad para sus viajeros. Gobernar exige otras prioridades.
La larga mano mediática de La Moncloa ya tiene tarea: convertir la sorpresiva marcha en una prueba de grandeza. El ministro deja el cargo y sus hooligans periodísticos se ocupan de que salga entre aplausos. Las preguntas sobre su gestión no deben estropear la ceremonia.
Sánchez, además, sale beneficiado. Eso dice el relato monclovita. Cuanto más se hable de la dignidad de Puente, menos se recuerda el empeño del presidente en sostenerlo. Y de la responsabilidad suya por nombrar a Puente y antes a José Luis Ábalos.
Las familias merecen respuestas. Los viajeros, garantías. Y los españoles, que asumir la responsabilidad política conserve algún significado. Puente ha dimitido tarde y de mala manera. No nos ha hecho un favor.
A.M. BEAUMONT