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El gobierno insulta a las víctimas de Urda

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Congreso.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Congreso.Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

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Debe haber pocas cosas más miserables y repugnantes que ponerle precio al dolor ajeno.

Eso es precisamente lo que ha hecho este gobierno con las víctimas del accidente de trenes en Urda. Han creado corriendo una partida para darles unas migajas económicas a personas que no hace ni una semana que han perdido lo que más quieren y que no van a poder recuperar nunca. Alguien debió pensar que es una idea maravillosa, además le ponen un nombre rimbombante como “escudo de ayudas” cuando la realidad es que no deja de ser un insulto a las víctimas, a sus familiares, y a los que seguimos consternados por la tragedia.

No puedo evitar recordar una anécdota que contaba mi abuelo, que era agricultor y se pasaba la mayor parte del día en el campo, cuando vio pasar al tonto del pueblo –en todos los pueblos hay al menos uno- con una escopeta pues iba a cazar. Mi abuelo le dijo que tuviera cuidado porque había mucha gente trabajando y podía haber una desgracia, a lo que el chico le contestó algo así como: “No te preocupes, que paga el seguro”.

¡Pero es que era el tonto del pueblo, no el presidente del Gobierno! Aunque el razonamiento de ambos sea el mismo.

Y es que el señor Sánchez, con el típico comportamiento de nuevo rico malcriado cree que todo se puede comprar con dinero, ya que ha sido una de las divisas de su gobierno, bien con periodistas, bien con etarras, bien con independentistas y demás ralea.

No señor, no todo tiene un precio, y no todo se puede comprar. Sería bonito que este “escudo” llegara íntegro a las víctimas y no se perdiera en ningún parador o en alguna caja fuerte al lado de joyas de dudosa procedencia.

No es la primera vez que el gobierno utiliza en lo que entiende como beneficio propio a fallecidos, para los que en un ejercicio de hipocresía suprema dice pedir respeto. Hay mil ejemplos, no sólo las víctimas de los accidentes -sí, en plural- de trenes, ni a las de las inundaciones de Valencia, por poner algunos ejemplos. No respetan ni a los que son de su mismo sesgo político. No se les mueve ni un pelo al hacerlo.

Donde la realidad, en algunos casos responsabilidad directa de ellos mismos, ha puesto dolor y familias destrozadas, estos señores sin el más mínimo tipo de empatía buscan siempre, las triquiñuelas para manipular la realidad y retorcer la desgracia con el fin de obtener algún beneficio. Tienen ese comportamiento tan ruin de los buenos carroñeros.

Y aunque éste es el gobierno de la muerte, no todo vale.

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