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Sánchez, durante un mitin electoral en el País Vasco
Sánchez, durante un mitin electoral en el País Vasco

Brújula Moral

| Fernando de Rosa Opinión

En estos días hemos conocido cómo un ministro israelí recirminaba a Pedro Sánchez su falta de "brújula moral" al ser comprensivo con las acciones del grupo terrorista Hamás y con la dictadura iraní. La verdad es que los ciudadanos españoles ya conocemos esa falta de brújula del presidente con respecto a aquellos partidos y movimientos que no condenan el terrorismo etarra que ha asolado nuestro país durante decenas de años.

El "festival de cinismo" que hemos presenciado estos últimos días de campaña electoral vasca es la muestra más clara de las vueltas que da la desnortada brújula moral del socialismo sanchista. Así, ante la previsible falta de reconocimiento por parte del candidato de Bildu sobre la condición terrorista de la banda ETA (la ha denominado simple banda armada), el PSOE ha salido en tromba electoral denunciando que a Bildu le falta legitimidad democrática por no condenar el terrorismo.

Si verdaderamente consideraran los socialistas que Bildu y su entorno no pueden gobernar el País Vasco por su falta de credibilidad democrática deberían romper toda colaboración con dicho partido en todos los ámbitos. De lo contrario estaríamos ante un nuevo cambio estratégico en su "brújula moral", tan desacreditada nacional como internacionalmente. Sánchez es presidente porque Bildu quiere, ya que se ha convertido en socio preferente desde la moción de censura en 2018, siendo diarias las muestras de afecto blanqueador que los ministros socialistas dedican a sus líderes en el Parlamento, especialmente con la diputada de sonrisa escalofriante Mertxe Aizpurúa.

El socialismo sanchista ha entregado a Bildu la alcaldía de Pamplona poniendo de manifiesto que o mienten en el País Vasco o en Navarra, probablemente en los dos sitios, cuando en un sitio dicen que para los vascos es malo Bildu en cambio no lo es para los navarros. Este socialismo sin "brújula moral" no es fiable en su denuncia de Bildu, por eso no podemos caer en la trampa de "transvestismo" que Moncloa ha lanzado en la campaña vasca al hacerse los indignados con sus socios más sólidos y que han impuesto su modelo de ley de memoria democrática, han ideado la política penitenciaria de beneficios a los presos etarras con la entusiasmada colaboración de Marlaska y determinan los Presupuestos Generales del Estado.

Sánchez debe revisar su "brújula moral" no solamente cuando tarda horas en condenar explícitamente el ataque de una dictadura contra una democracia, o cuando agasaja a la violadora de derechos humanos y vicepresidenta venezolana Delcy o cuando recibe sin pestañear el agradecimiento de grupos terroristas como Hamás o de los Hutíes de Yemen, sino cuando blanquea a los que no condenan el terrorismo de ETA y solo hace aspavientos durante las campañas electorales para engañar a los electores.

Es absolutamente condenable que Sánchez estuviera en el mismo momento condenando la falta de calidad democrática de Bildu y pactando con ellos en el Congreso llevar a fiscales a la comisión de investigación del Caso Koldo, es un "festival de cinismo" que la portavoz socialista y candidata a sustituir a Pedro Sánchez, Pilar Alegría, salga en Moncloa rasgándose las vestiduras porque Bildu no condene el terrorismo. También el ministro Puente debe aclarar en uno de sus prolijos tuits si mintió cuando alabó el espíritu democrático de Bildu o cuando ahora les acusa de falta de espíritu democrático, o la vicepresidenta María Jesús Montero cuando alabó el progresismo de Bildu frente a la reaccionaria derecha española.

En definitiva el respeto y defensa de las víctimas de este país no puede ser de forma discontinua según vayan las encuestas para confundir a los electores o según quiénes sean las víctimas y los victimarios, porque la decencia no puede ser un simple cálculo electoral y sobre todo la brújula de un partido siempre ha de tener su norte en la moralidad y no según sople el viento. Los demócratas debemos excluir a Bildu de toda influencia en la gobernabilidad de las instituciones porque el sufrimiento de muchos españoles víctimas del terrorismo no puede ser olvidado, y por desgracia muchos electores del País Vasco van a ir a las urnas sin saber quién fue Miguel Ángel Blanco.