| 16 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Rajoy, el pasado miércoles, tras las detenciones en Cataluña por el 1-O.
Rajoy, el pasado miércoles, tras las detenciones en Cataluña por el 1-O.

“A por ellos, oeeee”

Me parece que es momento de apoyar casi incondicionalmente al Ejecutivo que preside Mariano Rajoy, máximo valladar posible, y legal, frente a la destrucción de la unidad de España.

| Fernando Jáuregui Opinión

He de decir, en primer lugar, que respeto mucho al ministro del Interior y al fiscal general del Estado, así como al titular de Hacienda, que son las puntas de lanza a quienes ha tocado bailar con la más fea, que es, con perdón, el ‘procés’ secesionista impulsado de manera al menos caótica e ilegal por la Generalitat de Cataluña.

No soy de los equidistantes: sé perfectamente quién es el culpable principal de que hayamos llegado hasta donde hemos llegado; soy consciente de la irracionalidad que el molt honorable Puigdemont, y sus antecesores, y muchos de quienes le rodean, han vertido en sus demandas, legítimas por otro lado, de independencia del resto de España.

Otra cosa es cómo, con qué procedimientos antidemocráticos, pisoteando la separación de poderes y la legalidad, dinamitando el Parlament y el Estatut que ellos mismos aprobaron hace poco más de una década, despreciando a los discrepantes, se ha ido desarrollando este camino hacia una independencia contraria, me parece, a la voluntad de una mayoría de catalanes y que, en todo caso, así, desde luego, sería, y será, imposible. Cosa de la que, por cierto, me alegro mucho.

Me hirió profundamente, aunque no podamos atribuírselo a Gobierno alguno, el grito de 'a por ellos' con el que fueron despedidos varios guardias civiles

Lo digo de entrada para que el lector no tenga la menor duda de en qué campo me alineo: no siempre me ha gustado, ni me gusta, lo que ha hecho y hace el Gobierno en esta y en otras cuestiones, pero me parece que es momento de apoyar casi incondicionalmente al Ejecutivo que preside Mariano Rajoy, máximo valladar posible, y legal, frente a la destrucción de la unidad de España.

Pero, claro, uno es periodista y no puede refrenar el espíritu crítico que permanentemente le asalta. Y debo decir, porque así lo siento, que resultan improcedentes algunos excesos (sobre todo, de imagen) en la aplicación de esa firmeza de la que, a justo título, el Gobierno puede, supongo, presumir. Conste que no hablo solamente de gobiernos, ni de ministros.

Y, así, me hirió profundamente, aunque no podamos atribuírselo a Gobierno alguno, el grito de 'a por ellos' con el que fueron despedidos varios guardias civiles que partían a cumplir con su misión de garantizar el orden y el cumplimiento de la ley en tierras catalanas.

No soy de los equidistantes: sé perfectamente quién es el culpable principal de que hayamos llegado hasta donde hemos llegado

No, no iban en misión de conquista como los Cruzados a los santos lugares contra el sarraceno. Ni iban en plan frívolo, como pudieran sugerir los muñecos –Piolín y Silvestre—pintados en el costado de los buques que les alojarán en el puerto de Barcelona. Ni se puede identificar a todos los que discrepan de la dura política oficial con simpatizantes de Arnaldo Otegi, como hizo el ministro del Interior preguntado este miércoles en la sesión de control parlamentario por un diputado de Podemos que, para colmo, es guardia civil y discrepa de la línea oficial ‘pro referéndum’ impuesta por Pablo Iglesias.

La verdad es que no se trata, repito, solamente del Gobierno de Rajoy, que no es que desborde alegría dicharachera; la verdad es que desde hace tiempo, y eso es algo no atribuible solamente a este Ejecutivo desde luego, Madrid, con todo lo que implica, no ha sabido ganarse simpatías en Cataluña. Ahí sí tenemos que admitir todos nuestra parte de responsabilidad. Y eso es algo que, tras el choque de trenes de este domingo, quizá ya inevitable, consista en lo que consiste este choque, habría que intentar empezar a corregir, mientras aún sea tiempo, que yo pienso que lo es.