Cirugía con realidad aumentada y el ginecólogo que nunca dejó de soñar
FONENDO
La reciente cirugía hepática compleja realizada con éxito en el Hospital Universitario La Luz, utilizando gafas de realidad aumentada, marca un punto de inflexión en la evolución de la práctica quirúrgica. Esta tecnología, desarrollada por la compañía española ISP-XR, permite proyectar en tiempo real modelos tridimensionales del cuerpo del paciente durante la operación, mejorando de forma notable la planificación, la precisión y la seguridad quirúrgica.
Más allá de su aplicación en cirugía hepática, el potencial de esta herramienta es inmenso en especialidades donde cada milímetro cuenta: neurocirugía, cirugía pancreática, to-rácica o maxilofacial. La combinación de experiencia médica y visualización avanzada abre una nueva era en la medicina: una cirugía más personalizada, menos invasiva y con mejores resultados.
Un paso más hacia un modelo asistencial donde la tecnología no sustituye al profesional, sino que lo potencia.
Hay historias que nos recuerdan que la pasión es el verdadero motor de la vida. Una de ellas es la de Juan Vidal, ginecólogo que, a sus 86 años, sigue en activo con la misma ilusión que cuando comenzó.
El destino le ha regalado un momento único: asistir al nacimiento de su propio bisnieto. Y, según ha declarado a numerosos medios de televisión, ha sido el parto más importante de su vida —y mira que ha traído al mundo a más de 10.000 bebés…
El primer niño al que asistió en un parto tiene hoy 61 años; el más reciente, su propio bisnieto, llegó al mundo entre las manos de su bisabuelo. Una escena casi poética que enlaza generaciones y que resume una vida dedicada a la ginecología. A lo largo de su trayectoria, Juan ha tenido el privilegio de traer al mundo a sus tres hijas, a sus nietos y ahora también a su bisnieto. Mientras la mayoría de sus compañeros de profesión llevan años jubilados, Juan asegura que no piensa dejarlo. Trabajará hasta que el cuerpo aguante.
Su historia nos habla de vocación, de amor por la medicina y de la fortuna de encontrar un propósito que nos mantenga vivos más allá del tiempo. ¡Felicidades doctor!
Otro tema bien distinto y desagradable es el que les cuento ahora. Resulta que ir al médico ya no solo es cuestión de pedir cita, llevar la tarjeta sanitaria y rezar porque no te toque la báscula. Ahora también hay que preocuparse de que al doctor no le caiga una bronca o un bolsazo en plena consulta. En 2024 se registraron más de 17.000 agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud. Dicho en plata: 24 incidentes por cada 1.000 sanitarios. Y luego nos quejamos de la lista de espera, pero claro, si encima hay que esquivar insultos, empujones y algún que otro “pero ¿usted qué sabrá?”, normal que todo vaya más lento.
La solución estrella que se baraja en Castilla La Mancha son los botones antipánico inalámbricos. Una especie de “sálvese quien pueda” con WiFi, para que el médico pueda pedir auxilio sin tener que levantarse de la silla. Y ojo, también se habla de inteligencia artificial, lo que abre la puerta a que en el futuro un algoritmo le diga al paciente: “Respire hondo… y compórtese, caballero”.
Mientras tanto, Andalucía ha creado su Observatorio de Agresiones, que suena a torre vigía medieval, pero sin catalejo, con la misión de vigilar los malos humos y promover la cultura de “tolerancia cero”. Que ya era hora, porque a los sanitarios les pagamos para curar, no para esquivar.
Lo gracioso, o más bien trágico, es que, al paso que vamos, igual acabamos viendo a los médicos en bata blanca, pero con chaleco antibalas de serie. Y quizá un cartel en la sala de espera: “Prohibido agredir al personal. Recuerde que todavía le quedan dos citas pendientes”.