El truco para atarte las zapatillas según tu pie que los podólogos no te habían contado (y que cambia todo)
Idoia Pascalet, podóloga, explica cómo atar las zapatillas según la anatomía del pie para evitar lesiones y mejorar el confort deportivo

Atarse bien las zapatillas es clave para evitar molestias: un simple ajuste en los cordones puede prevenir lesiones comunes.
A todos nos duelen los pies alguna vez. Incluso a la mismísima Reina Letizia, cuya dolencia en el pie izquierdo —neuroma de Morton— ha protagonizado titulares, tertulias y hasta bromas en televisión. "Cualquier día la vemos con crocs", ironizaba Iñaki López en Más Vale Tarde. Y aunque su problema está relacionado con el abuso del tacón, muchas molestias al caminar o correr tienen causas más simples, como la forma en que nos atamos los cordones. Como explica la podóloga Idoia Pascalet, no basta con que una zapatilla esté bien diseñada: si no se ajusta bien al pie, puede provocar múltiples problemas.
En su consulta, Pascalet repite un mensaje claro: el dolor en el pie no siempre se soluciona con un calzado nuevo, sino con una técnica distinta. "¿Cuál es la forma correcta de anudar las zapatillas?", le dicen a menudo sus pacientes. La especialista propone distintos tipos de atado según la forma del pie o la patología, porque no todos los pies —ni sus cordones— son iguales.
Cómo adaptar los cordones de las zapatillas según tu tipo de pie
Muchas de las molestias al caminar o correr —como la presión en el empeine, las ampollas en el talón o las uñas negras— tienen una causa tan sencilla como mal atarse los cordones. La podóloga Idoia Pascalet advierte que no siempre hace falta cambiar de zapatillas, sino aprender a adaptarlas a la forma del pie. Desde no cruzar los cordones sobre los tendones dorsales hasta saltarse una lazada en zonas de presión puntual, pequeños ajustes pueden aliviar molestias de inmediato. En pies con mediopié alto o pie cavo, basta con liberar espacio en la lengüeta o redistribuir la tensión. Y para prevenir el deslizamiento del talón o el impacto en los dedos, existen técnicas específicas que mejoran la sujeción sin comprimir.
La clave, según Pascalet, está en observar y personalizar. Para Pascalet, los problemas suelen ser consecuencia de no prestar atención a los pequeños detalles que marcan la diferencia. Ajustar bien los cordones no solo alivia, también previene lesiones como fascitis plantar, juanetes o sobrecargas.
Ajustes para problemas específicos del empeine y el talón
Dos zonas especialmente sensibles son el empeine y el talón, y una mala técnica de atado puede generar desde presión hasta lesiones. Pascalet insiste en que no siempre hace falta cambiar de zapatillas, sino saber ajustarlas correctamente a la morfología del pie.
En el empeine, el problema más habitual es la presión sobre los tendones dorsales. Cuando los cordones cruzan esa zona, el dolor aparece rápido. La solución, según Pascalet, es dejar sin cruzar el cordón justo donde molesta o saltarse una lazada si la presión es más localizada. Cada pie tiene su mapa de presión, por eso insiste en ajustar de forma personalizada.
También el mediopié alto y el pie cavo necesitan técnicas específicas. Para el primero, basta con liberar una o dos lazadas para evitar que la lengüeta se desplace. En el caso del arco muy elevado, conviene espaciar los cordones y abrir al máximo la lengüeta. "Los arcos altos no necesitan más sujeción, sino más libertad", recuerda Pascalet. Y si el talón se desliza, una lazada de bloqueo ayuda a fijarlo sin comprometer el resto del ajuste.
Otro foco de dolor frecuente es el impacto en los dedos, que puede derivar en uñas negras. La solución pasa por elevar la zona delantera del cordón para crear más espacio. En todos los casos, la clave es la observación y el ajuste consciente. Pascalet insiste en que el dolor no suele aparecer de repente, sino por no prestar atención a pequeños detalles que terminan generando lesiones. Un pequeño cambio en los cordones puede marcar una gran diferencia.